Prisiones más humanas y menos "destructivas"

March 06, 2013 4991
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Cuando pensamos que un delincuente merece ir a prisión, en nuestra mente muchos concebimos este lugar como un sitio “terrible” donde el hecho de vivir allí , es en sí mismo un castigo (un castigo que nunca nos resulta suficiente para alguien que ha causado un daño  a otro ser humano). Incluso por nuestra mente pasan imágenes, como “mazmorras” para los delincuentes que más reproche y alarma social causan, en un intento, por otro lado lógico y humano, de apaciguar o mitigar el dolor y la indignación que la delincuencia crea no sólo en las víctimas, sino también en la sociedad.

Sin embargo, esta ilusión de que la cárcel va a ayudarnos a compensar o aliviar el dolor que el delito ocasiona, no es más que eso, una ilusión. ¿Cuántos años serían suficientes para que la condena fuera considerada justa? Tengo claro que aunque el castigo fuera cadena perpetua, la realidad para los ojos de las víctimas (personas inocentes que han sufrido de forma injusta y sin poder hacer nada para evitarlo) es que nunca es suficiente porque es imposible comparar el daño  y el impacto que el delito tiene, con la “simple” entrada en prisión del culpable.

Dejando a un lado, la frecuente y errónea creencia de que penas más duras es hacer justicia o si esto realmente esto ayuda a las víctimas a superar el delito, lo cierto es que con ampararnos en más años en la cárcel para los delincuentes, lo único que estamos haciendo es retrasar para el futuro, algo inevitable: la puesta en libertad del preso y su consiguiente vuelta a la comunidad. ¿Qué esperamos? ¿Desentendernos del “problema” para los que vengan o intentar que el castigo-rehabilitación que en teoría debe suponer este internamiento en prisión, dé sus frutos y el infractor se conciencie que no debe volver a delinquir? Particularmente, como persona que vive en sociedad y que puede ser víctima en cualquier momento, necesito saber que se está intentando y favoreciendo la rehabilitación de los presos, que los millones de euros que el “negocio de las cárceles” suponen, se invierten en algo productivo: prevención de nuevos delitos logrando una sociedad más fuerte y segura.

Este objetivo se ve como esencial en algunos lugares como Noruega. Es cierto que tienen poca población, comparada con otros lugares y que quizá esto les hace la tarea más fácil pero acaso ¿mayor población no supondría esta concepción reparadora de las prisiones, mayores beneficios?. En este país, Noruega existe una cárcel Bastoy que cuenta con el menor índice de reincidencia en Europa. Una de las formas de llegar a esta prisión es a través de ferry, que pilota uno de los presos. Últimamente esta tarea le corresponde a Petter, que la compagina con su condena de 14 años por tráfico de armas. La isla alberga esta prisión y está a unos kilómetros de la costa de los fiordos de Oslo y a unos 74 kilómetros de la capital. Pero el caso de Petter no es especial, ya que Bastoy es lo que sus responsables llaman, la primera prisión ecológica y humana, una de las más llamativas cárceles noruegas, el país con menos índice de reincidencia de Europa (menos del 30%)

"Nos dan confianza y responsabilidades” resume Petter. “Nos tratan como adultos. Todo el mundo tiene que trabajar pero también tenemos tiempo libre. Sabemos que somos presos pero nos sentimos al menos como personas” Durante el día hay 70 empleados para atender 115 presos. Solo van la mitad uniformados. Su tarea principal es contarlos varias veces al día. Los presos si bien no gozan de libertad, si de tranquilidad. A las ocho y media deben estar ya trabajando. Cada uno tiene su habitación y ha de compartir la cocina, baño y servicios comunes. Por la noche solo quedan cinco guardas.

En esta prisión son conscientes de que los delincuentes saldrán algún día de ella, por eso la idea es que vivan como deberían vivir cuando salgan a la calle, porque está claro que más tarde o temprano, saldrán. Todos sus presos vuelven a reinsertarse en la sociedad con más éxito que en otros lugares del mundo. Es una prisión realmente inspirada en los valores restaurativos y que debería ser un ejemplo  sino total,  al menos parcial para todas las prisiones existentes.

La estancia en la cárcel a nuestros ojos “retributivos” es concebida como un castigo pasivo, en el que el infractor se limita a que pasen los días hasta cumplir su condena, sin esperar que este preso realice ninguna actividad constructiva, activa y productiva, pero si creemos realmente en que la reinserción es posible, las prisiones deben ser algo más. La cárcel debe generar en el preso, responsabilidad, en lugar de limitarse a cumplir el castigo por el daño que hizo, se va a intentar que este infractor quiera devolver a la víctima y a la sociedad algo bueno por el mal que hizo. El castigo no es entrar en la prisión, sino perder la libertad por eso si se trata a la gente como animales, cuando están dentro, lo más probable es que se comporten igual cuando salgan.

Eso puede sonar muy utópico por eso también se puede mira desde otra perspectiva, si el preso cuando está en prisión se limita a cumplir su condena, sin más, sin asumir responsabilidades, sin comprometerse a reparar el daño, para muchos esto puede serles  muy fácil y así más fácil todavía les va a resultar despreocuparse del delito, alejarse de la realidad que es que causaron un dolor a otra persona e incluso muchos llegan a sentirse víctimas del sistema ¿Pero y si les damos las herramientas necesarias para cambiar? ¿Y si les decimos: “habéis hecho daño y tenéis que cumplir vuestra deuda, pero si queréis cambiar y asumir lo que habéis hecho, vais a recibir apoyo”? Tengo claro que las cárceles dejarían de ser escuelas de delincuentes y evitaríamos que el preso lleve el estigma de serlo durante toda su vida, todo ello respetando y dando el lugar que corresponde a las víctimas, por supuesto.

Entraría en juego, lo que se ha llamado la vergüenza reintegrativa, el infractor ha recibido el reproche social, ha sido condenado pero este castigo por el mal que hizo, en lugar de ser destructivo, va a ser constructivo y va a intentar que con él, el preso vuelva a la sociedad como un hombre nuevo. De la misma, manera les estamos enseñando algo importante, quien hace algo que daña a la sociedad y/o a otro ser humano, además de ser castigado, sí así se valora debe asumir lo que ha hecho, responsabilizarse e intentar “borrar” lo malo que hizo en el pasado, con lo bueno que puede hacer a partir de ese momento.

Es cierto que Noruega puede hacer estos experimentos con mayor facilidad, tiene una población de menos de cinco millones y tienen unos cuatro mil presos. Sin embargo, a pequeña escala, esto es una “lección” que podríamos aprender, e intentar poner en práctica de una forma, al menos gradual. Los beneficios serían mayores que los riesgos: una sociedad más humana y segura, un sistema menos burocrático y más cercano y menos delincuentes reincidiendo.

La pregunta no obstante es: ¿estamos preparados para este cambio de mentalidad?

 

Virginia Domingo

(Burgos, 17 de mayo 1975)

Soy periodista frustrada, estudié derecho, por defecto  y a pesar de todo,  me gustó. Fui durante más de ocho años  Juez Sustituta, lo que me hizo ver la realidad de la justicia y  su falta de humanidad, así llegué en el 2004 a la Justicia Restaurativa. Actualmente soy la coordinadora del Servicio de Mediación Penal de Castilla y León (Burgos) y presidenta del Instituto de Justicia Restaurativa-Amepax ( la entidad que proporciona este servicio). Soy experta y consultora internacional en Justicia Restaurativa. Mediadora Penal y Presidenta de la Sociedad Cientifica de Justicia Restaurativa. Miembro del Comité de investigación del Foro Europeo de Justicia Restaurativa, participo regularmente en las reuniones de este Foro y he ofrecido varias charlas a nivel internacional, asimismo he realizado diversos trabajos de investigación sobre Justicia Restaurativa y mediación en materia penal. Y sigo luchando porque se regule la Justicia Restaurativa como un derecho más para las victimas de cualquier delito con independencia del lugar donde lo sufran.

 

www.justiciarestaurativa.es/