El 19 de diciembre de 2010 a Silvia Moreno Díez le cambió la vida.  Por lo menos la conservo porque leo los informes médicos del día que me ingresaron en el hospital me parece un milagro que esté aquí. Esta joven de 23 años fue víctima de un atropello que movilizó a Policía local, Nacional y Guardia Civil en busca del conductor que tras arrollarla en un paso de cebra, se dió a la fuga. “Aun me pregunto por qué no paró tras atropellarme”. “Si se hubiera parado a ayudarme, si se hubiera portado como un señor, no lo habría denunciado”.

Este es un ejemplo de las muchas víctimas que nos dejan conductores “despistados” y /o despiadados, otros que conducen bajo los efectos del alcohol y drogas  y un largo etc. Primero deberíamos tener claro que el vehículo es un arma que puede matar, igual que una pistola por eso es necesario ser conscientes cada vez que nos ponemos al volante que no solo debemos sentirnos seguros nosotros, sino que nuestra conducta debe ser lo más diligente  posible para que nuestras irresponsabilidades, no dañen de forma irreparable a terceras personas inocentes. Dicho esto, esta chica como ella bien dice tuvo suerte porque sigue con vida pero después de dos años desgraciadamente no ha podido cicatrizar sus heridas, no las físicas (que también la han dejado secuelas) sino las más preocupantes para su recuperación: las psicológicas y  el trauma de haber sufrido un delito.