Las enumera el Art. 130 del Código Penal español. Junto al polémico indulto –esa medida de gracia que se concede discrecionalmente y de la que ya tuvimos ocasión de hablar en otro in albis para distinguirlo de la amnistía– existen otros seis motivos: los dos primeros (la muerte del reo y el cumplimiento de la condena) son evidentes pero nuestro legislador también prevé otros cuatro supuestos: la remisión definitiva de la pena (es decir, conforme al Art. 85.2 CP, el juez puede acordar su fin si ha transcurrido el plazo de suspensión que se había fijado para ejecutar las penas privativas de libertad, el sujeto no ha vuelto a delinquir y ha cumplido, en su caso, las reglas de conducta que estableció el tribunal); el perdón del ofendido (sólo es válido en aquellos supuestos que estén previstos por la Ley; por ejemplo, en el descubrimiento y revelación de secretos del Art. 201.3 CP; en los casos de calumnia o injuria, del Art. 215.3 CP; o en los daños causados por imprudencia grave, regulados en el Art. 267 in fine); y, por último, la responsabilidad también se extingue por la prescripción, tanto del delito como de las penas o de las medidas de seguridad.

“La religiosa María Gómez Valbuena, conocida por Sor María tras salir del anonimato a raíz de la investigación sobre los niños robados, ha fallecido sin aclarar ante el juez su presunta participación en esta trama, ya que la única vez que compareció ante el juez se negó a declarar”

Efectivamente no se puede negar que los códigos penales actuales, como el español en su artículo 130 contempla como primera causa de extinción de la responsabilidad criminal: la muerte del reo. La justicia penal que representa al Estado (como víctima) recae sobre el infractor o presunto culpable, faltando éste, al que debe aplicársele la posible pena, entonces se extingue la acción penal y así se deja de perseguir el delito.