El lunes pasado en la llamada “conferencia de paz” vimos paseando, por San Sebastian, como si actores de Hollywood se tratara, a unos cuantos actores extranjeros (y eso que el festival de cine de esta ciudad hace semanas que acabó).

De ese día se han podido leer noticias como la siguiente de la que he hecho un resumen: “Se refieren al terrorismo de ETA como “conflicto vasco”. Partiendo de este punto los representantes que se reunieron el lunes en la conferencia de Paz de San Sebastian, reclamaron por un lado el fin de la actividad violenta y por otro que el Gobierno español y el francés accedan a una negociación sobre el desarme de la banda y el futuro de los presos. La declaración de los reunidos habla de “reconocer, compensar y asistir a las víctimas”. Los mediadores engloban en víctimas a los heridos y muertos en los atentados junto con los terroristas detenidos y fallecidos…”

Lo primero que me pregunto es ¿por qué nadie les ha dado a estos señores un diccionario de conceptos o una enciclopedia, porque aunque estamos en la época de las tecnologías modernas, está claro que estas personas deberían haber usado un diccionario como los que utilizábamos en el colegio los que tenemos más de treinta años. ¿Por qué? Porque desgraciadamente han confundido “churras” con “merinas”.

No hay duda estamos en época de elecciones, es la conclusión que se puede extraer de las palabras de Federico Trillo cuando hace unos días dijo “que su partido propondrá la cadena perpetua revisable como pena máxima. Según él, catorce países europeos ya cuentan con la cadena perpetua revisable y la apoya el 82% de la opinión pública”

Esta cadena perpetua existe en países como Francia, Reino Unido, Alemania y Holanda y consiste en una pena de prisión perpetua que pasados unos años-el plazo es diferente en cada país-es revisable: si el preso tiene pronóstico favorable de reinserción puede acceder a la libertad, sino sigue en la cárcel”

Parece increíble pero así es, últimamente todo vale, se hace cualquier cosa como confundir a la población, sí, porque tanto algunos políticos como medios de comunicación, nos hacen creer o al menos deducir que en España, las penas son muy blandas y que cometer un delito sale muy barato, así además de votos y audiencia, generan un movimiento popular en pos de un endurecimiento de las penas muy rentable y a todas luces innecesario e injustificado.

Hace unos días mientras se aprobaba la ley de reconocimiento y protección integral alas víctimas del terrorismo, los presos de la banda terrorista ETA escenificaron su adhesión al llamado acuerdo de Guernica, texto promovido hace un año por la izquierda abertzale para conseguir la paz en el País Vasco por medios exclusivamente políticos. El colectivo de reclusos quiso que dos de sus miembros históricos Jon Agirre Ageriano y Gloria Rekarte plasmasen su rúbrica en el documento y así reivindicase un papel activo en el proceso de paz.

Lo triste es que por ejemplo este Agiriano nunca ha mostrado arrepentimiento por los tres asesinatos que cometió entre ellos la de un niño de trece años en la localidad de Azpeitia.

Pero quizá lo más penoso o inquietante es que el gobierno valore como un paso importante e inédito  el anuncio del colectivo de presos, al sumarse al acuerdo de Guernica, aunque eso sí, matizan que no es el que esperaba la sociedad y por tanto no es el paso definitivo que anuncie el fin de la banda.

Menos mal, sólo faltaba, ¿acaso todo vale, todo olvidado con la actitud en teoría menos violenta de los presos de ETA? ¿Qué respeto se tiene a las víctimas, dando una “palmadita” en la espalda a los terroristas por anuncios tan ambiguos y engañosos?

Escuchar noticias sobre asesinatos siempre supone una gran tristeza y cierta indignación por no poder asumir el por qué de la maldad….sin embargo se me ponen los pelos de punta cuando el asesinato se ejecuta por el propio estado y en un supuesto acto de justicia. La triste historia que voy a compartir con vosotros, y que seguro, ya habéis oído, se resume así:

“Pese a las voces autorizadas, incluso la Unión Europea intentó evitar la ejecución, una inyección letal ha acabado con la vida de Troy Davis, acusado de matar a un policía de 1989. La ejecución programada se cumplió durante esta madrugada, después de que la Corte Suprema de EEUU, rechazase una apelación de los abogados de Troy Davis de 42 años y raza negra. “No fue mi culpa, no tenía pistola. Soy inocente”, aseguraba Davis antes de recibir la inyección según relataron testigos de la ejecución a la prensa. Siete de los nueves testigos que declararon en su contra en el juicio se habían retractado posteriormente según su defensa. 1269 ejecuciones en 34 estados ha habido en lo que esta vigente la pena de muerte desde 1976.”

Cuando leí esta noticia me acordé de mi época de estudiante y del derecho romano, más concretamente de la definición de derecho, que ya en su día hizo Celso y que aparece en el Digesto “el derecho es el arte de lo bueno y lo justo”. ¿Qué de bueno y justo tiene un asesinato del Estado amparado en que es de justicia cometerlo?

Tras acabar mi anterior columna con la pregunta acerca de si era aconsejable o posible la reconciliación con el infractor, he estado buscando noticias que me pudieran responder a esta cuestión en sentido afirmativo y he encontrado una bastante interesante. De forma resumida, la noticia es la siguiente:

Mark Stroman, era como muchos tejanos, un firme defensor de la pena de muerte en EEUU pero no contento con la teoría, se tomó la justicia por su mano hace 10 años, para vengar de forma muy personal las muertes de 3000 compatriotas en el 11 S. Por eso no deja de ser irónico que fuera condenado a muerte dos meses antes del décimo aniversario de la matanza.

El 21 de septiembre cuando Stroman tenía 31 años disparó al empleado de una gasolinera en Dallas, Texas. Se llamaba Rais Bhuiyan, este hombre grabó la imagen del hombre armado, tatuado, ataviado con un pañuelo, gafas de sol y una gorra de béisbol. Bhuiyan fingió estar muerto para que no le volviera a disparar. No era el primero ni el segundo, en recibir los balazos de Stroman y es que el delincuente llevaba seis días aplicando una cruzada personal contra todos los musulmanes de EEUU, en venganza por el 11S. Mató a dos personas antes de que le detuviera la policía.

Bhuiyan el musulmán de Bangladesh, que sobrevivió a su ataque estuvo luchando por salvar su vida. Una semana antes de su ejecución, Bhuiyan habló con el Daily Telegraph “todavía tenía 35 perdigones en la sien pero quería perdonarle. Estoy convencido de que era ignorante e incapaz de distinguir el bien y el mal. Si se le da la oportunidad creo que podría convertirse en portavoz, podría contar su historia para evitar crímenes como los que cometió. Su ejecución erradicará una vida humana pero no parará los crímenes de este mundo. Si sale con vida y cambia, ya es un logro pero si muere estamos perdiéndolo todo. Me dicen que estoy loco por intentar salvar a alguien que merece morir. Hay quién ataca mi fe islámica porque dicen que predica violencia y odio pero ese no es el problema, el problema no es el cuchillo, sino la gente que lo esgrime. Lo mismo pasa con la religión”. Días antes de su muerte Stroman era otro hombre: “es difícil de explicar pero me siento en paz. Ya no tengo odio ni miedo”. El día clave, hora y media antes de la ejecución, Bhuiyan recibió una llamada de teléfono, era Stroman desde la cárcel “.

Hace unos días, estando próximo el décimo aniversario del 11S, me estremecí al leer la historia de la amistad de dos madres, enfrentadas por lo que aconteció aquel fatídico día.”Una de ellas, Phyllis Rodríguez, 68 años, profesora a tiempo parcial de adultos analfabetos. El 11 de septiembre de 2001 cuando volvió a casa después de dar un paseo, su portero la avisó que las Torres Gemelas estaban ardiendo. Subió corriendo, encendió la televisión y vio que no era un incendio, era el mayor ataque terrorista perpetrado en EEUU y justo donde trabajaba su hijo, Greg. Intentó llamarle pero fue inútil. Con el paso de las horas, la verdad se hizo innegable, Greg había muerto.

El dolor que se adueño de ella en los días siguientes, fue dando paso a la ira.

La otra madre, Aicha El-Wafi, mulsumana de origen marroquí. El 13 de septiembre tuvo que aceptar que su hijo Zacarías Moussaoui, era el hombre más odiado, había sido identificado como uno de los autores intelectuales de los atentados. Ella sabia que no debía sentirse  responsable por las decisiones que había tomado su hijo, sin embargo, se sentía culpable porque le había dado a luz. Durante esos días Phyllis vio la foto de Aicha en el periódico. Se dijo que querría conocerla pero no dejaba de pensar que era la madre del posible asesino de su hijo, por eso no podía llamarla.

Sin embargo, un año después el presidente de una asociación en favor de la reconciliación de las víctimas, la propuso que se conocieran. Ambas aceptaron y lo que pasó allí cambió sus vidas. Aicha miró a Phyllis, y dijo “no sé si mi hijo es culpable o inocente pero quiero pedirte perdón por lo que te ha pasado a ti, y tu familia”. Phyllis la abrazó. El perdón que le otorgaba a Aicha, actuó como bálsamo instantáneo para el año de luto, dolor e ira.

Las mujeres se fueron conociendo, Aicha era valiente. Se había casado joven, fue víctima de violencia doméstica y crió a sus hijos sola. Al terminar la reunión Phyllis la dijo que quería darla todo el apoyo que necesitara durante el juicio de su hijo. Hoy en día la amistad de ambas mujeres sigue intacta.”

Pensé que ya no quedaban políticos responsables y comprometidos con la sociedad, al menos la imagen de ellos que tengo últimamente es la de más preocupados por el poder, por criticar al partido contrario y que además cuando algo grave ocurre automáticamente se apuntan a la opinión que creen más votos les hará ganar. Sin embargo, parece que sí, ¡hay esperanza!, existen políticos que asumen su responsabilidad y lejos de actuar guiados por propaganda populista actúan en aras al bien común y para la mejor atención de los ciudadanos.

Me estoy refiriendo a Nick Clegg, viceprimer ministro de Inglaterra, en una noticia de hace unos días en el periódico  “the Guardian” se podía leer lo que opinaba acerca de los disturbios en su país y cómo van a enfrentar el conflicto.

“Las personas condenadas por los delitos de disturbios deberían mirar a sus víctimas en los ojos, y debemos hacer un ejercicio de compromiso publico para establecer cuales son las causas de estos disturbios”

“Afirma que la gente culpable de saqueo o violencia harán servicios a la comunidad o participaran en programas de justicia restaurativa”

“Deberán ver ellos mismos las consecuencias de sus acciones y trabajar reparando el daño y la destrucción causada para no hacerlo de nuevo”

“las victimas solo son realmente protegidas si el castigo conduce a los infractores a no volver a cometer delitos”.

Esta semana, más allá de la crisis y las elecciones anticipadas me ha llamado la atención poderosamente una noticia un tanto sorprendente: Ameneh Bahrami, una mujer iraní que quedó ciega y desfigurada cuando un hombre la arrojó ácido a la cara hace siete años, perdonó al autor del ataque unos minutos antes de que se aplicara la sentencia por la que estaba condenado a quedar sin vista con acido. Esta sentencia conforme a la ley de las Ghesas (ley del talión) recogida en la legislación islámica se iba a administrar en el Hospital de Teherán cuando minutos antes Ameneh perdonó al hombre.

Mantenemos reservas sobre estos temas”, se ha limitado a decir a EFE fuentes de prisiones, que no han querido confirmar ni desmentir la existencia de este programa, en el que estarían participando presos etarras, que ya se habrían desvinculado de la banda terrorista…!- ABC

“Instituciones penitenciarias prefieren no comentar la puesta en marcha de un programa de mediación penal para presos de ETA que se estaría llevando en la cárcel de Nanclares de Oca, para conseguir que los etarras estén dispuestos a pedir perdón a las víctimas si éstas lo aceptan...”

Estos son dos extractos de las múltiples noticias que han surgido estos días acerca de la existencia de un programa de mediación penal con presos de ETA. Como persona que trabaja habitualmente con procesos restaurativos como la mediación en materia penal y como presidenta de la Sociedad Científica de Justicia Restaurativa, me veo en la obligación de valorar esta noticia y matizarla. Realmente llama la atención el secretismo absoluto en un tema tan especial y delicado, cuando debiera ser todo lo contrario. No niego que pueda ser posible procesos restaurativos en delitos serios como terrorismo, al contrario, en diversos lugares del mundo, ya se ponen en práctica procesos restaurativos con delitos muy graves, sin embargo para no frustrar los fines de estos procesos  y no dañar a las víctimas más de lo que se las puede ayudar, se hace necesario tener en cuenta una serie de recomendaciones porque no queremos que algo tan beneficioso para las víctimas y la comunidad fracase y con ello se ponga en peligro el trabajo de todos los que trabajamos habitualmente en la Justicia Restaurativa.

Ayer me quedé impresionada cuando vi anunciada en televisión y para el próximo lunes una miniserie sobre los atentados del 11M. Sé que tendría que estar acostumbrada a estas cosas ya que todo lo que genera morbo es susceptible de aparecer en televisión y en horario de prime time. Sin embargo, no puedo entender cómo puede resultar interesante al público ver de forma "teatralizada" lo que aconteció aquel fatídico día y por supuesto tengo mis dudas acerca de si esto no dañará a las víctimas y a los supervivientes.

Page 7 of 8