En mi anterior columna, ya hablé sobre lo perjudicial que puede resultar para las víctimas llevar el rol de víctima a su espalda toda la vida. La pregunta sería ¿Por qué ocurre eso?. Muchas veces son las circunstancias personales de ellas mismas, el ambiente en que se mueven o su propia actitud ante el delito, sin embargo, en ocasiones son los medios de comunicación quienes, estoy segura que en la mayoría de las ocasiones sin intención, favorecen que una víctima sufra varias veces por el mismo delito, considerándose a si mismas, víctimas del infractor, de la sociedad y del ser humano en general.

Un ejemplo claro de esto ha sido todo lo relativo al trágico accidente en que se ha visto implicado el torero Ortega Cano y en el que falleció otra persona.

Cuando un delito muy grave ocurre, pensamos que no hay justicia y quizá guiados en parte por los medios de comunicación solo tenemos una cosa en mente, que el infractor sea castigado de forma severa, con penas muy duras para  de esta forma dar ejemplo, sin embargo nunca hasta hace muy poco me había dado cuenta de que nos olvidamos sistemáticamente de las víctimas, de qué queremos para las víctimas. Nuestro centro de atención es el infractor como mucho pensamos que con el castigo ejemplar al delincuente, la víctima se va a sentir mejor. ¿Pero realmente siempre es así o quizá los que nos sentimos mejor somos nosotros, muchos de los cuales nunca hemos sido víctimas directas de un delito, con lo que no podemos saber por lo que están pasando las verdaderas víctimas?

El hecho de que las víctimas soliciten penas más duras es algo lógico puesto que son sentimientos normales propios de los seres humanos. Partiendo de ahí, la gran pregunta es ¿si es bueno que una persona sea considerada víctima toda la vida? Un ejemplo de esta pregunta puede ser los padres de Marta del Castillo.

Últimamente me siento preocupada porque cada vez que voy a los juzgados pierdo un poco más la empatía hacia los problemas concernientes a la violencia de género, (este término ya de por si me "espanta"). Quiero en primer lugar afirmar con rotundidad que estoy totalmente en contra de cualquier tipo de violencia y por supuesto que la violencia contra la mujer o/y contra el hombre en su reflejo más grave merece todo el peso de la ley.

Sin embargo, la actual ley ha demostrado en sus años de vigencia que penas más duras no supone una disminución de los delitos y la exagerada discriminación positiva en favor de la mujer no ha tenido reflejo en menos muertes de estas, sino todo lo contrario y además supone para algunos casos un "arma de doble filo" poniendo al hombre en una posición no sólo dificil sino también cuanto menos injusta en ciertas ocasiones. Muchos asuntos realmente graves y preocupantes nunca llegan a los juzgados ni son denunciados mientras que los menos graves abarrotan el sistema de justicia penal.

El hecho de haber estudiado derecho, automáticamente hace que en ocasiones conocidos y familiares recurran a mí, preguntandome: ¿cómo puede ocurrir esto? ¿ es que no hay justicia? ¿pero esto puede ser así?... Yo que a pesar de todo, creo en la justicia y nuestro sistema intento pacificar y explicar el por qué de decisiones judiciales, de leyes y demás temás jurídico-penales que por "hache o por b" han creado alarma social. Sin embargo, en ocasiones se me hace cuesta arriba esta defensa, y es que el otro día el tio de mi marido me dijo: "la justicia me dá pánico" y realmente no puedo negar que a veces a mí también. Estoy pensando en el preso más antiguo de España, que desde el año 1976 encadena condenas si alguno no conoce el tema, estará pensando que deben ser delitos de sangre y que será un preso muy violento....pues no!. Se trata un preso común con delitos menores que lleva más de 30 años en prisión ( más de media vida).

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