“La mediación es un método complementario y que en momentos de sobrecarga y cierto colapso en algunos juzgados puede ser importante como sistema alternativo del proceso” “también quiere felicitar a jueces, fiscales y abogados por poner en marcha una experiencia a nivel nacional para resolver procedimientos a través de mediación y con resolución vía conformidad”, esto afirmaba un presidente de un Tribunal Superior de Justicia.

Últimamente se pueden escuchar una y otra vez noticias, en las que aunque aparentemente parece que se está pensando en las victimas, la verdad es que  no solo no es así, sino que nunca se las tiene  en consideración. Esto además de ser preocupante, no deja de ser irónico pues si alguien debe ser atendido y escuchado, son precisamente las víctimas tanto directas como indirectas del delito, con independencia de su edad, sexo, religión u orientación política.

El otro día se podía leer “El Supremo absuelve por mayoría a Garzón por intentar investigar los crímenes del franquismo. Garzón estaba acusado de infringir la ley de amnistía votada por el Parlamento español en 1977”

Por encima de valoraciones sobre la sentencia y sobre la figura de este juez que genera pasiones encontradas, están las victimas.

El ministro de Justicia, ha anunciado una ley de mediación y jurisdicción voluntaria para agilizar la Justicia, permitirá a notarios tramitar bodas civiles y conceder divorcios de mutuo acuerdo”

Con estas noticias no me extraña que haya cierta confusión sobre qué es mediación, quienes pueden ser mediadores, y cuales son los beneficios. Os contaré que estoy  preparando la II edición de un Congreso Internacional sobre Justicia Restaurativa y Mediación Penal, por eso el otro día entregué un tríptico de este evento a un juez, él lo cogió, lo miró y dijo: “Ah, mediación, pero luego al darse cuenta que era mediación en materia penal, me comentó muy seriamente: “pero la penal no nos quita trabajo, tu dedícate  a la civil, esa si nos puede quitar trabajo”.

Claro podéis imaginar mi cara de espanto ante semejante comentario tan desafortunado, pero no solo por el total desconocimiento de qué es la mediación y sobre todo la mediación en materia penal sino también porque tal pareciera que hasta los jueces se han cansado de serlo.

El lunes pasado en la llamada “conferencia de paz” vimos paseando, por San Sebastian, como si actores de Hollywood se tratara, a unos cuantos actores extranjeros (y eso que el festival de cine de esta ciudad hace semanas que acabó).

De ese día se han podido leer noticias como la siguiente de la que he hecho un resumen: “Se refieren al terrorismo de ETA como “conflicto vasco”. Partiendo de este punto los representantes que se reunieron el lunes en la conferencia de Paz de San Sebastian, reclamaron por un lado el fin de la actividad violenta y por otro que el Gobierno español y el francés accedan a una negociación sobre el desarme de la banda y el futuro de los presos. La declaración de los reunidos habla de “reconocer, compensar y asistir a las víctimas”. Los mediadores engloban en víctimas a los heridos y muertos en los atentados junto con los terroristas detenidos y fallecidos…”

Lo primero que me pregunto es ¿por qué nadie les ha dado a estos señores un diccionario de conceptos o una enciclopedia, porque aunque estamos en la época de las tecnologías modernas, está claro que estas personas deberían haber usado un diccionario como los que utilizábamos en el colegio los que tenemos más de treinta años. ¿Por qué? Porque desgraciadamente han confundido “churras” con “merinas”.

Cuando oigo que la gente se queja sobre qué mal funciona la justicia, suelo intentar defenderla, explicando mi visión de ella cuando fui juez. Obviamente cuando estas en esa posición, te das cuenta tarde o temprano que hagas lo que hagas nunca vas a dejar satisfechas a las dos partes al menos un 50% claramente va a estar descontenta con la resolución que has emitido, con razón mi abuela solía decir: “nunca llueve a gusto de todos”.

He leido con sumo interés el excelente trabajo de Carmen Cuadrado Salinas "La investigación en el proceso penal" (Ed. La Ley, Las Rozas, 2010). Se trata de un estudio de la fase de instrucción del procedimiento penal en el ordenamiento jurídico inglés que nos hace reflexionar si sería posible transpolar a la ley de ritos española su filosofía y principios inspiradores.

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