Hace un año hablaba de los atentados de Boston y cómo enfocar el gran daño creado, desde un punto de vista restaurativo. Delitos como el terrorismo afectan seriamente no solo a las víctimas directas sino también a la sociedad. A nadie escapa que tras atentados tan impactantes, algo se resquebraja en cada uno de nosotros, primero perdemos la confianza en que vivimos en un buen lugar, en que el mundo es un lugar pacífico e idílico, pero además perdemos nuestra capacidad de empatizar con nuestros semejantes, de repente, cualquier persona que nos rodea puede ser un “potencial asesino o criminal”

“Continúan los disturbios en el barrio de Gamonal de la ciudad de Burgos, tras la manifestación contra la reconversión de una de sus calles en Bulevar”

Los vecinos de un barrio de una ciudad de España se han levantado contra una decisión de su Ayuntamiento, con la que parecen no estar de acuerdo. Esta “pequeña revolución” puede generar muchas simpatías, ya que con la crisis, los ciudadanos cada día somos más pobres,  mientras asistimos con absoluta indignación a casos de corrupción generalizados,  incluidos los de gente de “alta alcurnia”.

Grupos de jóvenes violentos tomaron de madrugada varias ciudades de Inglaterra. Destrozaron escaparates y saquearon tiendas. Otros prendieron fuego a una comisaría”.

“La policía ha detenido a más de doscientas personas en Londres, entre ellas un niño de 11 años”. Estos son algunos de los titulares que han aparecido en prensa estos últimos días acerca de lo que está sucediendo en Inglaterra sobre una ola de violencia incontrolada que se ha desatado en este país. Lo que empezó como una manifestación pacifica por la muerte en extrañas circunstancias de un joven de color a manos de la policía, ha acabado en violencia y vandalismo de magnitudes desproporcionadas.