“Madre mata a sus hijos por asfixia... Padre decapita a su hija de 18 meses con un cuchillo... Abuelo dispara con una  escopeta de caza a su hijo y nietos... Le da una paliza a su novia por salir  de casa en mini falda dejándola ciega... Marido asesta 72 puñaladas a su mujer embarazada”...

Todo esto son titulares de sucesos trágicos y que casi siempre relacionamos con la violencia de género y/o doméstica.

Nos empeñamos en mantener precauciones al salir a la calle, cuando cerramos la puerta con cerrojo, al no pasar por una calle poco transitada, mas nuestro enemigo potencial vive bajo el mismo techo. Es uno de nuestros familiares. Es nuestra pareja. Tu madre. Tu hijo. Tu novio...

Como policía tengo la obligación cumplir y hacer cumplir las leyes; como estudioso de la criminalidad mi obligación es estudiar la ley y proponer soluciones para eliminar esos delitos o, por lo menos, disminuir las conductas criminales.

    Pocas leyes han generado tanta polémica en España como la Ley Integral de medidas contra la Violencia de Género (en adelante, LIVG). De hecho, se han presentado contra ella más de doscientas cuestiones de inconstitucionalidad realizadas por diferentes juzgados e instituciones.

    La LIVG lleva en vigor en España siete años y, aunque está concebida desde el punto de vista criminológico –digo criminológico porque es una de las pocas leyes existentes que ha intentado atajar un tipo delictual desde muy diferentes aspectos– no ataca el problema de forma exclusivamente penal a fin de crear lo que se ha dado en llamar cultura de género#; sin embargo, podemos decir que el principal objetivo de la LIVG –disminuir la cantidad de muertes producidas por hombres a mujeres dentro del ámbito familiar– no se ha conseguido, ya que el número de casos de muertes no solo no ha disminuido, sino que incluso se ha visto aumentado, motivo por el cual podemos hablar de fracaso o de nula efectividad de la Ley.

En el año 2005, la Behavioral Analysis Unit -2 (dedicada a investigar los delitos contra adultos), perteneciente al National Center for the Analysis of Violent Crime (NCAVC) del FBI, organizó un Simposium sobre Asesinatos en Serie (Perspectivas Multidisciplinarias para Investigadores), al objeto de reflexionar sobre el estado actual de las estructuras dedicadas a investigar este fenómeno delictivo, para detectar problemas tanto metodológicos como de procedimiento y efectuar así un más eficiente afrontamiento policial.

En su empeño por alcanzar el máximo rigor científico en la elaboración de perfiles psicológicos de delincuentes violentos, los casos elegidos por el perfilador psicológico han de compartir dos características muy concretas: su relevancia y su naturaleza.

Deben ser relevantes por la gravedad de los actos que se contemplan y por las consecuencias que de ellos se derivan. Los casos, delitos violentos como el homicidio y la agresión sexual, muestran variedad de agresores que eligen diferentes tipos de víctimas y que las agreden utilizando diferentes estilos para las mismas conductas, de tal modo que evidencian ser diferentes personalidades que llevan a cabo muy similares comportamientos. Son hechos que provocan un gran sufrimiento a las víctimas y a su entorno, cuando no la muerte, a la vez que provocan un gran daño a la sociedad en la que suceden, que ve mermada su libertad y su derechos fundamentales a la vida y a la seguridad.