Que en España está prohibido el uso de la cartuchería de punta hueca (PH) es una mentira muchas veces repetida que no por ello va a tomar carácter de veracidad. Se oye de boca de comunicadores televisivos y también, y esto es muy lamentable, de boca de muchos integrantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (FYCS). A los primeros tal vez se les pueda disculpar el tremendo error que comenten al aseverar tamaña absurdez, pero se me antoja que es imperdonable en el caso de los policías, más aún cuando muchos de los que en tales términos se expresan son, según un diploma, instructores de tiro y, por tanto, expertos en la materia. Por cierto, cuando los primeros expresan sus equivocadas opiniones a estos respectos lo hacen por la contaminada influencia de los segundos.

Hoy traigo a Criminología y Justicia un artículo que no está escrito por mí sino por un lector de mis trabajos que es, ya, amigo mío. Pepe Moreno es agente de la Escala Básica del Cuerpo Nacional de Policía (CNP). No es nuevo en esto: ingresó en el Cuerpo antes de que este fuese una fuerza civil, por lo que hoy se encuentra, debido a su edad, próximo al final de su carrera policial. Moreno ha trabajado en las ciudades más grandes del país en los momentos más duros del terrorismo de ETA, años que coinciden, además, con etapas de muchas incidencias armadas con delincuentes comunes (atracos diarios). No conozco a Pepe más que de leer sus atentos comentarios en mi blog y de aprender de sus amplios correos electrónicos. Pero a decir verdad ya le he puesto cara: en mayo tuvo a bien realizar varios cientos de kilómetros para estar en la presentación de En la línea de fuego: la realidad de los enfrentamientos armados. Aquel evento, el primer acto de presentación de la obra, se celebró en la Escuela Nacional de Policía, en la academia del CNP. Atentos a lo que hoy nos cuenta Pepe, con quien me hubiese encantado compartir horas de radio-patrulla.

Ernesto Pérez Vera

Primera hora de la mañana en San Juan de Aznalfarache, Sevilla, el 25 de mayo de 2011. Una mujer de 54 años de edad perdió la vida como consecuencia de un disparo de pistola, efectuado por un policía local de la ciudad. Lamentable incidente. El policía en cuestión, en unión de otro compañero, se estaba enfrentado a tiros con dos atracadores de bancos —legítima acción de defensa propia—, cuando uno de los proyectiles policiales no llegó a los criminales y rebotó hasta detenerse en la ciudadana. El impacto alcanzó la cabeza (nuca) y produjo la muerte en el acto. Concepción, que así se llamaba la interfecta, se encontraba junto a una hija suya en una parada de autobús, cuando se produjo le funestos suceso. Ambas mujeres, al oír las detonaciones (alrededor de seis), intentaron llegar a lugar más seguro para evitar ser alcanzadas…