En España al igual que en muchos otros países, cuando un delito grave se comete automáticamente todo el mundo clama por un endurecimiento de las penas, como si aumentar aún más el castigo,  significara que va a haber menos delincuentes y menos víctimas. ¿Cómo va a rehabilitarse un infractor por pasar varios o muchos años en la cárcel, si nunca se llega a arrepentir de sus actos? ¿No sería mejor pedirle que haga algo por la persona a la que causó el daño o por la sociedad? En un primer momento causar daño a quién te lo ha hecho a ti, puede resultar muy positivo para la víctima, pero pasado el primer momento de euforia, al final esto no llena la perdida sufrida por la víctima.

“La familia de Marta del Castillo no sale aún de su indignación tras la aparición el pasado sábado en un programa de televisión, de la madre del Cuco, hablando del caso que se enjuicia estos días en la Audiencia de Sevilla. El abuelo de esta muchacha, dijo ayer que pedirán a la fiscalía que se controle el dinero que cobró esta mujer por ir al programa y así hacer frente a la sentencia que condena al Cuco y sus padres a abonar 414000euros por los gastos que generó la infructuosa búsqueda del cuerpo de la joven”

Tengo claro que hay muchas clases de víctimas, por un lado están las victimas directas que son las que sufren directamente el daño pero también pueden existir otros perjudicados de forma indirecta por el hecho delictivo, y estos son los familiares y allegados de la víctima así como la comunidad en general ¿Por qué? Porque todos nos sentimos un poco menos seguros cuando sabemos que se ha cometido un delito. Bien es cierto, que nuestro sentimiento de seguridad se pierde en mayor medida cuanto más cerca sucede el crimen, especialmente si es en nuestra ciudad y nuestro barrio, en cambio nuestra condición humana hace que ya no nos preocupemos tanto si el delito ocurrió  en otra ciudad o país (y es que solemos pensar que esto jamás nos sucederá a nosotros).

La pena que se impone a quien ha cometido un delito tiene una finalidad concreta para el autor del mismo -su reinserción social-  que si se consigue es de enorme utilidad, tanto para él, como para la sociedad en general, pero qué utilidad tendría esa pena para la víctima que sufre los daños y perjuicios concretos del delito. Esta pregunta le lleva al autor de este artículo a analizar la forma en la que debería estar presente la víctima en el cumplimiento de la pena.

¿LA JUSTICIA PENAL TRADICIONAL EN LA ACTUALIDAD?

 

Actualmente cada vez que un delito grave ocurre, se abre un nuevo debate en la sociedad acerca de la necesidad de endurecer las penas, como si esto fuera la “panacea” de todos los problemas.

El castigo al culpable se ha convertido en una autentica obsesión social, saciando la “sed de venganza” del estado y en menor medida la de la comunidad.

Sin embargo a pesar del rigorismo de las sanciones la realidad muestra alta tasa de reincidencia y escasa contención de los delincuentes ante las penas incluso más duras. Además las víctimas de los delitos experimentan una frecuente desilusión con el sistema de justicia penal. Esta justicia parte de la base de que el delito supone una violación de la norma, la justicia representa al gobierno y castiga al delincuente por el delito, y la víctima no es más que un mero testigo. Pocas personas se preocupan de si la víctima se siente amparada, por el sistema de justicia penal o de si el castigo es el único objetivo primordial.