Si el conocimiento es poder, la fuente de ese poder es la información.

Existen muchos escenarios en los que la información recopilada es solamente útil si se es capaz de extraer un conocimiento de ella. Hace menos de un mes, se sabía que el fundador de Gowex había falseado (y generado) información que ni auditores, ni bancos ni reguladores detectaron como fraudulentos.

A menudo se ha entablado discusión alrededor de qué elementos garantizan el éxito sobre cualquier escenario; desde la revolución industrial, los recursos se hallaban a la cabeza de esa lista de elementos. En plena era digital, las barreras físicas han sido superadas por la fibra óptica, y los ordenadores han empezado a substituir los libros como espacios para la acumulación de conocimiento.

El término observación, según nos refiere la Real Academia de la Lengua Española, proviene del latín observatio y significa acción y efecto de observar, que a su vez hace referencia a cuatro acepciones, según la misa fuente, de las que nos interesan la primera: examinar atentamente; y la cuarta: mirar con atención y recato, atisbar.

Mientras que el verbo ver se refiere al proceso de percibir los objetos por los ojos mediante la acción de la luz, la observación pretende ir más lejos, al involucrar al proceso de la percepción el acto consciente de utilizar los sentidos para obtener una información que estimamos nos será pertinente.

Es común entre la comunidad científica considerar que en el estudio de casos se produce un sesgo hacia la verificación en el sentido de que existe una tendencia a confirmar las nociones preconcebidas del investigador. La experiencia de este investigador le ha mostrado que muchos investigadores policiales descansan mucha de su seguridad argumental en lo que denominan “su olfato policial” a la hora de elaborar hipótesis y descubrir indicios que permiten comprobarla, cuando en realidad ignorar otros datos que las falsan totalmente.