El último eslabón en la cadena de teorías que tratan de explicar el comportamiento criminal femenino nos conduce hasta el supuesto evidente final de la conducta delictiva: el encarcelamiento de los delincuentes.

Todo encarcelamiento produce una serie de efectos en la persona que sufre este proceso y la mujer no va a librarse de ellos.

TEORÍA DEL CONTROL SOCIAL

Mientras que los enfoques hasta ahora vistos no se han cuestionado la participación política del Estado en la definición de la criminalidad, un actual y amplio sector de criminólogos han tratado de dar una nueva perspectiva centrando su interés en la problemática del control social ejercido por el Estado a través de sus distintas instancias formales.

Los enfoques funcionalistas se basan en la teoría del rol que defiende la importancia de la socialización diferencial entre hombres y mujeres a la hora de desempeñar sus roles respectivos y, por ende, de explicar su conducta, rechazando de esta manera el determinismo biológico-individual.

TEORÍA DE OTTO POLLACK

Otto Pollack en su libro “The criminality of women” sentó las bases de la llamada teoría del tratamiento diferenciado que defiende que la mujer recibe un tratamiento mucho más benigno que el hombre tanto por la policía como por parte del poder judicial y las instituciones penitenciarias, haciendo que su delincuencia sea más oculta al tener un carácter enmascarado, su premisa parte de que la delincuencia que comete la mujer se relaciona con delitos que se suelen cometer muy raramente (por ello son cometidos por mujeres) con lo que estadísticamente se detienen a muchas menos mujeres que a hombres y cuando esto sucede se manifiesta una gran comprensión hacia sus delitos por parte de todos los estamentos del sistema legal.

Después de que la delincuencia fuera explicada única y exclusivamente desde el punto de vista biológico, se dio una vuelta de tuerca al enfoque criminalístico añadiendo la perspectiva de la tradición liberal.

Este nuevo enfoque liberalista se caracteriza por la individualización de los conflictos sociales, lo que lleva a proponer como solución al problema del delito la existencia de un tratamiento, de esta manera se comienza a percibir al delincuente como un ser enfermo, centrando la esencia de las infracciones no en la sociedad sino en el propio individuo.

Dentro de las teorías biologicistas surgieron, como no, autores que intentaron explicar por qué la mujer delinque desde un punto de vista psicológico, es decir, buscaron la causa de la delincuencia femenina en los posibles y perentorios problemas mentales que aquejaban a las mujeres.

Tenemos así dos corrientes de pensamiento: las explicaciones psicoanalíticas y las explicaciones psiquiátricas.

Desde que se empezó a intentar dar una explicación científica (y no únicamente basada en conceptos morales y creencias religiosas) a la conducta delictiva de las mujeres el ciclo menstrual siempre ha sido un discurso recurrente entre los estudiosos, convirtiéndose en referente histórico de la literatura sobre este tema, tal es su influencia que se llega atribuir a la crisis catamenial el factor causativo de la delincuencia en la mujer.

Siguiendo la senda de Lombroso y Ferrero otros estudiosos intentaron explicar la delincuencia femenina amparándose en el método científico de la escuela positivista, continuaron fomentando ideas machistas y estereotipadas que falseaban la realidad hasta ajustarla a la visión predominante de la época a fin de recluir a la mujer que osaba a romper los cánones establecidos en cárceles u hospitales psiquiátricos, y siempre bajo la supervisión de los hombres que decidían cómo debía ser una buena mujer perfectamente integrada en “su” sociedad.

Dentro del pensamiento ilustrado surge el primer intento de explicación científica de la criminalidad femenina. Estos autores siguen la escuela positivista que concibe el delito como un hecho de la naturaleza y que como tal debe ser estudiado, niegan el “libre albedrío” al considerar que hay una serie de circunstancias físicas o sociales, intrínsecas y extrínsecas que encaminan al hombre a delinquir, lo que le hace responsable socialmente de sus actos por el simple hecho de vivir en sociedad.

Se caracterizan por utilizar el método científico inductivo-experimental a través del cual observan a las mujeres no delincuentes, a las prostitutas y a las delincuentes, conformando una tipología criminal basada en características orgánicas, psíquicas, hereditarias o adquiridas y estructuran una teoría que explica el porqué la mujer llega o no al delito.

Durante muchos siglos las mujeres que cometían delitos eran descritas como seres perversos, inmorales e incluso poseídos por fuerzas demoníacas,ante este perfil que se dibujaba la sociedad pedía una intervención para acabar con esta situación de inseguridad y más vigilancia sobre las actividades y actitudes de las mujeres, el estado reaccionó creando toda clase de cárceles, dependencias e instituciones donde recluir a todas las mujeres que se salían del rol establecido, pues en estos centros no sólo se recluía a aquellas mujeres que habían cometido un delito de acuerdo con la ley penal vigente sino también a aquellas que desafiaban el control moral y patriarcal impuesto en la sociedad.

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