Mantenemos reservas sobre estos temas”, se ha limitado a decir a EFE fuentes de prisiones, que no han querido confirmar ni desmentir la existencia de este programa, en el que estarían participando presos etarras, que ya se habrían desvinculado de la banda terrorista…!- ABC

“Instituciones penitenciarias prefieren no comentar la puesta en marcha de un programa de mediación penal para presos de ETA que se estaría llevando en la cárcel de Nanclares de Oca, para conseguir que los etarras estén dispuestos a pedir perdón a las víctimas si éstas lo aceptan...”

Estos son dos extractos de las múltiples noticias que han surgido estos días acerca de la existencia de un programa de mediación penal con presos de ETA. Como persona que trabaja habitualmente con procesos restaurativos como la mediación en materia penal y como presidenta de la Sociedad Científica de Justicia Restaurativa, me veo en la obligación de valorar esta noticia y matizarla. Realmente llama la atención el secretismo absoluto en un tema tan especial y delicado, cuando debiera ser todo lo contrario. No niego que pueda ser posible procesos restaurativos en delitos serios como terrorismo, al contrario, en diversos lugares del mundo, ya se ponen en práctica procesos restaurativos con delitos muy graves, sin embargo para no frustrar los fines de estos procesos  y no dañar a las víctimas más de lo que se las puede ayudar, se hace necesario tener en cuenta una serie de recomendaciones porque no queremos que algo tan beneficioso para las víctimas y la comunidad fracase y con ello se ponga en peligro el trabajo de todos los que trabajamos habitualmente en la Justicia Restaurativa.

Desde que ayer escuché que dos niños de 13 años apalearon a un compañero discapacitado de la misma edad, además de someterle a múltiples vejaciones sobre mi cabeza ronda una aseveración: “algo mal debemos estar haciendo…”Ayer oí como la madre del menor agredido decía que su hijo estaba muy asustado, pues claro su hijo como víctima debe de estar “espantado” y con un miedo terrible y por supuesto que necesita todo el apoyo y ayuda posible. Pero además cualquiera de nosotros con un mínimo de empatía debemos de estar asustados y yo añadiría preocupados.

He leido con sumo interés el excelente trabajo de Carmen Cuadrado Salinas "La investigación en el proceso penal" (Ed. La Ley, Las Rozas, 2010). Se trata de un estudio de la fase de instrucción del procedimiento penal en el ordenamiento jurídico inglés que nos hace reflexionar si sería posible transpolar a la ley de ritos española su filosofía y principios inspiradores.

En mi anterior columna, ya hablé sobre lo perjudicial que puede resultar para las víctimas llevar el rol de víctima a su espalda toda la vida. La pregunta sería ¿Por qué ocurre eso?. Muchas veces son las circunstancias personales de ellas mismas, el ambiente en que se mueven o su propia actitud ante el delito, sin embargo, en ocasiones son los medios de comunicación quienes, estoy segura que en la mayoría de las ocasiones sin intención, favorecen que una víctima sufra varias veces por el mismo delito, considerándose a si mismas, víctimas del infractor, de la sociedad y del ser humano en general.

Un ejemplo claro de esto ha sido todo lo relativo al trágico accidente en que se ha visto implicado el torero Ortega Cano y en el que falleció otra persona.

Últimamente me siento preocupada porque cada vez que voy a los juzgados pierdo un poco más la empatía hacia los problemas concernientes a la violencia de género, (este término ya de por si me "espanta"). Quiero en primer lugar afirmar con rotundidad que estoy totalmente en contra de cualquier tipo de violencia y por supuesto que la violencia contra la mujer o/y contra el hombre en su reflejo más grave merece todo el peso de la ley.

Sin embargo, la actual ley ha demostrado en sus años de vigencia que penas más duras no supone una disminución de los delitos y la exagerada discriminación positiva en favor de la mujer no ha tenido reflejo en menos muertes de estas, sino todo lo contrario y además supone para algunos casos un "arma de doble filo" poniendo al hombre en una posición no sólo dificil sino también cuanto menos injusta en ciertas ocasiones. Muchos asuntos realmente graves y preocupantes nunca llegan a los juzgados ni son denunciados mientras que los menos graves abarrotan el sistema de justicia penal.

Estos días estamos asistiendo a lo que parece una lógica "rebelión" del ciudadano ante la situación del país y la "aparente" incompetencia de nuestros políticos. Se llaman Democracia Real Ya y creo que aparte de grupos antisistemas que se puedan camuflar para cometer sus fechorias, es un movimiento esperanzador para todos, pues significa que seguimos aquí, ¡aún estamos vivos! y podemos hacer algo por nosotros mismos sin ser "manipulados"y/o "utilizados".

El hecho de haber estudiado derecho, automáticamente hace que en ocasiones conocidos y familiares recurran a mí, preguntandome: ¿cómo puede ocurrir esto? ¿ es que no hay justicia? ¿pero esto puede ser así?... Yo que a pesar de todo, creo en la justicia y nuestro sistema intento pacificar y explicar el por qué de decisiones judiciales, de leyes y demás temás jurídico-penales que por "hache o por b" han creado alarma social. Sin embargo, en ocasiones se me hace cuesta arriba esta defensa, y es que el otro día el tio de mi marido me dijo: "la justicia me dá pánico" y realmente no puedo negar que a veces a mí también. Estoy pensando en el preso más antiguo de España, que desde el año 1976 encadena condenas si alguno no conoce el tema, estará pensando que deben ser delitos de sangre y que será un preso muy violento....pues no!. Se trata un preso común con delitos menores que lleva más de 30 años en prisión ( más de media vida).

Como defensora de la Justicia Restaurativa siempre he pensado que la participación de los  directamente implicados en el delito en el proceso de justicia penal no solo  es beneficioso para ambos sino también para sus allegados. Asimismo la participación de la comunidad produce unos beneficios de magnitudes incalculables ya que el principal daño que produce un delito es la pérdida de confianza tanto a nivel personal como comunitario. Precisamente por eso la Justicia Restaurativa favorece la restauración de esta confianza así como una reparación material y moral de la víctima directa del delito.

Pero ¿qué ocurre cuando la participación de la comunidad se hace de forma mediática?

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