Últimamente en España, la palabra “escrache” está en boca de todos, gracias a la campaña que la Plataforma de afectados por la hipoteca está haciendo en los domicilios de ciertos políticos.

Ciertamente lo que primero me llama la atención es la palabra en sí, escrache, parece ser que surgió en Argentina, allá por el año 1995 y luego se ha ido extendiendo a otros lugares, como nuestro país. Según su definición natural, la de sus orígenes, es un tipo de manifestación pacífica en la que un grupo de activistas de derechos humanos se dirige al domicilio o lugar de trabajo de alguien, a quién se quiere denunciar.


A propósito del proyecto gubernamental de Ley Orgánica de reforma del Código Penal por el cual se persigue elevar las penas por delitos de resistencia a la autoridad y vandalismo

Una vez más, una manifestación más, acabó con diversos incidentes. Según las fuentes, cinco policías heridos, varios desperfectos en el mobiliario y 24 detenciones. Es la norma, la triste norma de algo que nos estamos acostumbrando a ver con demasiada frecuencia. Y es algo que a la vez  se convierte en una dinámica más que preocupante, sobretodo cuando se trata de manifestaciones de ciudadanos que se mueven en pro de sus derechos. No entraremos aquí en la discusión sobre si las cargas policiales son en este y en otros casos legítimas, ya que eso forma parte de otra reflexión mucho más amplia. Lo que quiero en realidad es plantear hasta que punto el ejercicio de violencia por parte del estado se encuentra en proporción con las acciones que se llevan a cabo en dichas manifestaciones.