Que hay buenos policías es evidente, unos mejores, otros peores, hay tantas clases de policías... El libro "Identidades y Culturas Policiales. Un estudio antropológico del mal policía al buen policía" puede dar fe de ello. Los hay por vocación y los hay por profesión. Pero no nos andemos por la ramas, entremos a fondo al grano del asunto. La observación es una virtud, una cualidad que no todos son capaces de dominar. ¿El observador nace o se hace? Una mezcla de ambos sería el equilibrio adecuado, pero me declino más porque el buen observador lo lleva en la sangre, nace así, se educa así, se entrena día a día, tiene afán por mejorar y en el más extremo de los casos se frustra si fracasa o porque piensa que podría haber actuado mejor. Conozco a unos cuantos observadores y les aseguro que es una cualidad.

El término observación, según nos refiere la Real Academia de la Lengua Española, proviene del latín observatio y significa acción y efecto de observar, que a su vez hace referencia a cuatro acepciones, según la misa fuente, de las que nos interesan la primera: examinar atentamente; y la cuarta: mirar con atención y recato, atisbar.

Mientras que el verbo ver se refiere al proceso de percibir los objetos por los ojos mediante la acción de la luz, la observación pretende ir más lejos, al involucrar al proceso de la percepción el acto consciente de utilizar los sentidos para obtener una información que estimamos nos será pertinente.