Con frecuencia se debate sobre ello. Yo diría que es un tema de diario para los policías de nuestro país. Se habla de esto en las galerías de tiro y armerías de los cuerpos de seguridad y sobre todo, incluso más que en las líneas de tiro, en el café de inicio del turno de trabajo. ¿Verdad que no me desvío mucho? Yo mismo dediqué en 2012 un amplio artículo al asunto. Me estoy refiriendo al empleo de armas largas por parte de los agentes de seguridad ciudadana pura y dura. De los que patrullan las calles de nuestras ciudades. Esos que lo mismo se acercan a un incendio, robo, accidente de tráfico, riña doméstica o pelea discotequera, que igual se llevan con la grúa un coche mal estacionado o le hacen el test de ingesta de alcohol a un malnacido conductor bebido.

Hace unos días me preguntó un conocido que si los controles de tráfico que hacían los agentes de la Policía Local (PL) de su ciudad eran legales. Dijo que eran una molestia para los ciudadanos de orden. Al parecer lo entretuvieron unos treinta segundos en las inmediaciones del Corte Inglés, cuando él circulaba en dirección a su domicilio. Dice que solamente le pidieron el permiso de conducir (mal llamado carné de conducir) y que tras mostrarlo le dijeron que podía continuar. Lo normal: el ciudadano respondió bien al legítimo requerimiento de un agente de la autoridad, no presentaba caracteres sospechosos en su persona o vehículo y por eso se pasó al “gracias, señor, puede usted continuar”. Al parecer ni en la zona de registro lo llegaron a meter. Intuyo que habría poco tráfico y que el policía que hacía funciones de selección hizo la somera comprobación de indicios.