Bien conocido es por nuestra cultura popular el refrán que reza: “errar es humano, perdonar es de sabios”. Sin embargo, a pesar de convivir en un siglo marcado por el imparable avance tecnológico, todavía suspendemos en ciertas parcelas referidas, sobre todo, a la moral del ser humano y, si se me permite, de alguna manera relacionado con el sentido que tratamos de buscar a nuestra propia existencia individual, al significado de nuestro paso por la vida.