Ernesto Pérez Vera

Ernesto Pérez Vera

Instructor de tiro (policía retirado)

Este es un tema muy interesante y que no todos los profesionales conocen profundamente, de ahí la cantidad de errores que se suelen cometer a la hora de hacer referencia a un cartucho o calibre determinado.

El error más habitual se detecta en conversaciones entre agentes de policía, sean del cuerpo que sean. El tema es muy desconocido entre los profesionales del ramo, sin que la pertenencia a determinados cuerpos o unidades pueda atribuir maestría y dominio del asunto. Sorprendentemente, incluso entre los armeros profesionales existe desconocimiento del tema, lo cual provoca no pocos malentendidos. También es habitual oír en televisión, y en los demás medios de prensa, como profesionales de la información dicen verdaderas barbaridades al hablar del arma y/o cartucho que determinados delincuentes, o agentes de policía, usaron en la acción protagonista de la noticia.

Tener amigos de tal nivel humano y profesional no tiene precio. Me refiero a Cecilio Andrade, aquel que hace años me dijo que lo llamara como ya hacen sus hermanos de sangre y pólvora, la gente a la que quiere y respeta; pero es que no me acostumbro a ello, por eso empleo siempre su filiación simple.

                Si el primer cuerpo moderno de policía fue el de Londres, el segundo fue el de Gibraltar. El 21 de junio de 1830 se dio a conocer que la ciudad dejaría de depender, a efectos de “seguridad pública urbana”, de las autoridades militares (the War Office, la Oficina de Guerra); 4 días después, el 25 de junio, se funda la Gibraltar Police. Sólo había trascurrido unos meses desde que sir Robert Peel constituyera en Londres, aquel primer cuerpo profesional de seguridad. Esto vino a coincidir con la nueva denominación y estatus que recibía el Peñón: Colonia de Gibraltar.

Entre los profesionales del tiro policial se escribe y se debate mucho sobre las heridas provocadas por las armas de fuego. El fin de los disparos policiales es, casi siempre, provocar la incapacitación de una persona de la forma más inmediata posible. No es fácil. Existen muchas teorías al respecto. Algunos consideran que el calibre del arma es lo más importante. Otros creen que el tipo de proyectil, su peso y velocidad son los únicos factores que se deben tener presentes a la hora de provocar, con uno o pocos impactos, heridas que lleven a un adversario al “fuera de combate rápido”. Por cierto, desde el punto de vista policial lo que siempre se pretende es parar o detener una agresión hostil grave. Nunca se pretende acabar con una vida, si bien esto último nunca será controlado por el sujeto activo del disparo.

Primera hora de la mañana en San Juan de Aznalfarache, Sevilla, el 25 de mayo de 2011. Una mujer de 54 años de edad perdió la vida como consecuencia de un disparo de pistola, efectuado por un policía local de la ciudad. Lamentable incidente. El policía en cuestión, en unión de otro compañero, se estaba enfrentado a tiros con dos atracadores de bancos —legítima acción de defensa propia—, cuando uno de los proyectiles policiales no llegó a los criminales y rebotó hasta detenerse en la ciudadana. El impacto alcanzó la cabeza (nuca) y produjo la muerte en el acto. Concepción, que así se llamaba la interfecta, se encontraba junto a una hija suya en una parada de autobús, cuando se produjo le funestos suceso. Ambas mujeres, al oír las detonaciones (alrededor de seis), intentaron llegar a lugar más seguro para evitar ser alcanzadas…

Camino Alto y Camino Bajo, estos son los dos “íteres” que el cerebro y el cuerpo utilizan para reaccionar ante la detección de una amenaza. El doctor en neurología Bruce Siddle (Estados Unidos) así lo concluyó en uno de sus concienzudos trabajos.

Al margen de los tijeretazos que el Gobierno nos mete en la cartera, para matar nuestra calidad de vida familiar, a los policías (funcionarios) se nos trata de eliminar de múltiples formas durante nuestros quehaceres diarios. A veces a tijeretazos, como el Gobierno, y ahora no lo digo metafóricamente, pues muchos hemos tenido que desarmar a violentos armados con ese instrumento, ¿verdad, Fali Aradas?

De todos es sabido que las autoridades judiciales norteamericanas, e incluso la propia sociedad de esa nación, están muy comprometidas con todo lo que supone la seguridad de sus calles y ciudadanos, y también la de sus Agentes de la Ley.

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