De pequeño me llamaba mucho la atención una rudimentaria técnica que se utilizaba en algunas casas de pueblo para ahuyentar a posibles ladrones durante la ausencia de los dueños. La técnica era muy simple: antes de salir de casa, el propietario de la casa dejaba siempre una luz encendida al azar, pero siempre correspondiente a una zona que fuera visible desde la fachada. En la mayoría de ocasiones, ello se acompañaba además dejando la persiana de la misma habitación abierta, dando a entender que seguía habiendo alguien en la casa.