Últimamente en España, la palabra “escrache” está en boca de todos, gracias a la campaña que la Plataforma de afectados por la hipoteca está haciendo en los domicilios de ciertos políticos.

Ciertamente lo que primero me llama la atención es la palabra en sí, escrache, parece ser que surgió en Argentina, allá por el año 1995 y luego se ha ido extendiendo a otros lugares, como nuestro país. Según su definición natural, la de sus orígenes, es un tipo de manifestación pacífica en la que un grupo de activistas de derechos humanos se dirige al domicilio o lugar de trabajo de alguien, a quién se quiere denunciar.

Son dos fenómenos que tristemente están muy de moda actualmente. Por un lado, el suicidio, acto que ya conocen y que consiste en quitarse la vida uno mismo, no siendo delictivo si no media la incitación, inducción o ejecución de otra persona (art. 143 CP).

Se estima que las dos terceras partes de quienes se quitan la vida sufren depresión y que los parientes de los suicidas tienen un riesgo más elevado (hasta cinco veces más) de padecer tendencias al respecto. 9 de cada 10 casos de suicidio esconden una alteración psíquica (depresión, ansiedad y adicciones).