Desde hace tiempo existe el conocimiento de que hay una relación negativa entre el desempleo y la salud. (Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, 2012).

Para muchas personas el trabajo es una seña de identidad, por la que encontrar un lugar en la sociedad. Gracias a él, podemos sentirnos útiles, sentir que nos proporciona un status social, entenderlo como un medio para entrar a formar parte de la dinámica de la vida, ser así participes y desempeñar un rol social con el que identificarse.

La respuesta es NO. Por lo menos es lo que se desprende del reciente estudio Determinants of Police Strength in Large U.S. Cities During the 1990s: A Fixed-Effects Panel Analysis (McCarty, William; Ren, Ling; Zhao, Jihong, 2012).
En dicho estudio, se analizan los factores que determinan el aumento o reducción de los cuerpos policiales en ciudades de Estados Unidos con más de 150.000 habitantes durante la década de los 90.
Dicha década tiene un punto de excepcionalidad respecto a otras décadas en Estados Unidos: es la única en la que se observa un crecimiento de la delincuencia al inicio de la misma, seguida de un decrecimiento constante en la segunda parte de la década.