“Pido el indulto para el amigo, que mató  a mi hijo. La madre que perdió a su hijo, se rebela contra la condena de quién conducía cuando se produjo el accidente mortal. No es un criminal. Si encarcelan a David, nuestra herida se hará, aún más grande”

Tras las últimas entradas en prisión de  “famosos” y políticos, el otro día el Ministro de Interior dio a entender que esto se había producido por el clima y la situación actual que vive España y que quizá,  en otras circunstancias muchos de ellos no hubieran ingresado en la cárcel y no se hubieran producido estas sentencias,  que algunos llaman “ejemplarizantes”.

Ayer estuve escuchando en la televisión que un hombre, condenado varias veces por maltrato animal, podría entrar en la cárcel. Sería la primera vez que sucede en España.

Respecto a esto tengo sentimientos contradictorios, por un lado, creo que es importante que por fin, se tomen en serio que maltratar a un ser vivo es igual o más grave que a las personas. ¿Por qué? Porque si falta la empatía necesaria hacia los seres vivos, ¿cómo podemos exigirle que no dañe a otro ser humano?

Claramente, aquí radica la raíz de muchos futuros delincuentes y delitos graves, la falta de empatía, la falta de capacidad de ponerse en el lugar de otro ser vivo y ver que sufre y que no debe hacerlo sufrir. Sin embargo, ¿sólo con la pena de prisión es suficiente?

“Se trata de restaurar la situación anterior al hecho delictivo cometido tanto para el autor como sobre todo para la víctima” Esta es una de las muchas afirmaciones sobre la Justicia Restaurativa y sus herramientas como la mediación penal, que generan muchas dudas y sobre todo, crean objetivos erróneos de esta Justicia.

Para empezar quizá sea conveniente, retrotraernos al origen de la palabra restaurativa, esta es una traducción del inglés restorative. Pero como suele suceder no es muy correcta, lo más acertado hubiera sido justicia restauradora aunque para muchos sea más bien reparadora.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos dio a conocer el día 21 de octubre su sentencia sobre la Doctrina Parot y confirma su condena a España por aplicarla a la terrorista Dolores del Rio.

Tengo claro que muy probablemente no debería estar escribiendo sobre este tema, no solo por ser muy complicado, al haber mucha sensibilidad acumulada durante años sino porque deberíamos dejar de dar publicidad y normalizar esta sentencia, para no hacer más daño a las víctimas. Y es que siempre es complicado conjugar el respeto a los derechos de las víctimas, máxime cuando se trata de delitos muy graves, con lo que se considera ajustado a derecho.

Durante los últimos dos días, muchos me han tachado de inmoral por mostrarme abiertamente a favor de la revocación de dicha jurisprudencia. Aquí no voy a dar argumentos personales ni puramente criminológicos (sobre lo cual pido perdón por escribir una primera entrada tan poco criminológica) a favor ni en contra de la tumbada de esta Doctrina, ya que ambos posicionamientos son fuertemente defendibles desde ambos puntos de vista, tan solo voy a analizar objetivamente, y desde los principios del Código Penal, el por qué de mi posicionamiento a favor de la revocación.

El otro día a raíz de leer un artículo, escribía en mi blog sobre lo mucho que ha cambiado mi concepto de Justicia Restaurativa o más bien mi forma de entender esta Justicia. Esto no ha sido cosa de un día, sino que el ver cómo el delito impacta en las personas, cómo daña las relaciones entre los miembros de la comunidad y cómo la justicia penal no ayuda a las personas, de la forma que más necesitan, me ha hecho  apostar con más determinación por la Justicia Restaurativa. Esta apuesta, lógicamente ha sido posible gracias a la oportunidad que he tenido de profundizar, desde un punto de vista tanto teórico como práctico en esta justicia.

Muchos estaréis pensando ¿en qué sentido ha cambiado mi forma de ver esta justicia?

Con mucha frecuencia los que nos movemos en el “mundo” de los juzgados, nos olvidamos de la realidad y es que los Tribunales son utilizados por el ciudadano, son las personas “normales” las que acuden a los juzgados pensando en que se va a solucionar su problema.

Sin embargo, una vez que entran en la “maquinaria” judicial, los que menos van a saber sobre  la evolución de su caso son ellos, los más interesados.

Pensar en un infractor cómo alguien malo, es fácil y casi supone un alivio porque sólo así llegamos a asimilar internamente cómo y por qué una persona puede dañar a otra. Sin embargo, lo más complicado es hacernos a la idea de que el teórico infractor es una persona como nosotros, con sus defectos y sus virtudes pero que un día tuvo un teórico “mal momento” y sin querer, por imprudencia ha causado un daño muy grave y castigado por la ley como delito.

Un ejemplo de esto que estoy diciendo es el maquinista del tren que descarriló en Santiago de Compostela, sin querer entrar en el morbo, me planteo muchas preguntas en torno a un caso como este. La verdad es que no me gustaría estar en el lugar del juez, que tiene que investigar , ya que debe ser muy complicado calificar a una persona como delincuente o imputado cuyo error fue no tener la diligencia debida ( si se llega a demostrar) pero que al mismo tiempo ha causado tanto dolor, sufrimiento y pérdidas irreparables.

“Holanda cierra cárceles por falta de presos. Dejarán de funcionar ocho centro penitenciarios por falta de detenidos pese a las protestas de los sindicatos. En este país, uno de cada tres condenados realiza trabajos comunitarios por lo que el número de detenidos bajó en un 20%”

Mientras que en países como España, la población penitenciaria crece de manera desmesurada y las cárceles están superpobladas, en Holanda las cierran y esto da que pensar ¿será que son más buenos los holandeses? O más bien ¿somos demasiado punitivos los demás?. Cierto es que el cierre de centros penitenciarios, supone la pérdida no solo de “clientes”, sino también de puestos de trabajo y en España, ya de por sí, trabajar empieza a ser un lujo en extinción, sin embargo, también conlleva una ahorro económico importante que merece ser tenido en cuenta.

No obstante, más allá de aspectos materiales y/o económicos, me interesa el por qué en este país la tendencia es contraria a la mayoría, y cómo lo han logrado.

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