Nos gusta pensar que vivimos en un mundo ideal. A casi todos nos gustan los finales “felices”, en los que los “malos” reciben su merecido y los “buenos” obtienen  su “felices para siempre”. Esto lo hemos aprendido, desde pequeños en los cuentos de hadas y en muchas películas, por eso cuando un delito se comete, nos convertimos en víctimas y nuestro mundo perfecto se quiebra.

“Archivada la denuncia por difundir un video sexual de una universitaria. El Juzgado lo ha sobreseído provisionalmente. La joven retiró la denuncia para evitar la exposición pública a la que se estaba viendo sometida”

Esta es una noticia más, de tantas que podemos leer en los medios de comunicación, sin embargo, revela una vez más que la Justicia Tradicional está fallando a las víctimas. Muy mal se debe estar haciendo, si la víctima abandona para no sentirse señalada, es como si la víctima dentro del proceso penal dejara de ser víctima, para convertirse en victimario. Esto no es otra cosa que lo que los autores han venido a llamar la victimización secundaria y que se ve agravada durante todo el tiempo que dura el proceso penal, ya que los rígidos y fríos protocolos de la Justicia retributiva, no favorecen en nada la atención a las necesidades de las personas que han sufrido un delito.

“He matado a un hombre”,  es la confesión de un joven de 22 años. Es Mathew Cordle. La semana pasada grababa un video con su confesión. Tuvo un accidente mientras conducía borracho y mató a un hombre. Finalmente ha optado por asumir su responsabilidad, en el video muestra su arrepentimiento y pide disculpas a la familia de la víctima. Además ruega que nadie conduzca bebido.

A priori, podemos pensar; “pero esperó tres meses para confesar”, “quizá lo ha hecho porque se sentía acorralado”. Es lógico, en principio, no confiar en alguien que ha cometido un delito, máxime si es con un resultado tan terrible como la muerte de una persona. Es algo tan grave que no nos planteamos el hecho de que nos pueda pasar a nosotros. Sin embargo, el infractor ha asumido su responsabilidad, la gente en general y los familiares de la víctima en particular, han podido ver que no es un monstruo, que es un chico normal que un día cometió un error de consecuencias trágicas. En definitiva, los familiares han podido poner “rostro” e “historia” a la persona que ha desequilibrado su vida y esto es importante para las víctimas. En un principio, “demonizar” al delincuente, especialmente si no está identificado, ayuda tanto a las víctimas como a la sociedad. El pensar que “debe ser un demonio”, “un ser humano no haría esa crueldad”,  nos ayuda a entender el delito y no volvernos paranoicos, con respecto a la gente que nos rodea, porque si pensamos que solo los monstruos harían esto, podemos seguir confiando en nuestro entorno, y en que ellos no cometerían delitos, ni dañarían a otras personas.

El otro día a raíz de leer un artículo, escribía en mi blog sobre lo mucho que ha cambiado mi concepto de Justicia Restaurativa o más bien mi forma de entender esta Justicia. Esto no ha sido cosa de un día, sino que el ver cómo el delito impacta en las personas, cómo daña las relaciones entre los miembros de la comunidad y cómo la justicia penal no ayuda a las personas, de la forma que más necesitan, me ha hecho  apostar con más determinación por la Justicia Restaurativa. Esta apuesta, lógicamente ha sido posible gracias a la oportunidad que he tenido de profundizar, desde un punto de vista tanto teórico como práctico en esta justicia.

Muchos estaréis pensando ¿en qué sentido ha cambiado mi forma de ver esta justicia?

“El ministro de Justicia presentó el 11 de octubre en el Consejo de Ministros un anteproyecto de reforma del código penal. Como avanzó Gallardón hace un mes el nuevo texto incluye prisión permanente revisable para delitos de terrorismo y determinados tipos de asesinato. También incluye un informe sobre el futuro estatuto de víctimas”.

Me gustaría empezar diciendo que si alguien está en contra del endurecimiento de las penas, soy yo. Como defensora de la Justicia Restaurativa creo en atender primero a las víctimas y ocuparnos de ayudarlas a superar el trauma y desde luego, no me parece bueno hacerlas creer con insistencia, generando casi una cierta obsesión en ellas que más castigo, más penas es la solución al dolor de haber sufrido un delito y de por ejemplo, haber perdido un ser querido. Se aferran a este endurecimiento creyendo que una vez conseguido, podrán superar lo vivido, curar heridas y “pasar página” pero la realidad es que en la mayoría de los casos no es así.

"La Audiencia provincial de Madrid ha revocado una condena impuesta al dueño de una farmacia por dos delitos de acoso sexual que habría cometido supuestamente contra dos empleadas al entender que los hechos no corresponden con la acusación y ha apuntado que lo sucedido podría ser constitutivo de delito de abuso sexual.

Noelia de Mingo, la médico de la Fundación Jiménez Díaz que mató a tres personas e hirió a otras siete en 2003, saldrá un mes de vacaciones. La asociación de defensa del paciente que se personó como acusación particular ha calificado la decisión del juez de autentica barbaridad y a de Mingo, de peligro real para el resto de los ciudadanos. El equipo técnico que la valora considera que es necesario que vaya reintegrándose en la vida cotidiana como forma de recuperación. Noelia de Mingo padece esquizofrenia paranoide, enfermedad para lo que no hay cura, tan sólo medidas de control de la enfermedad y dado que el juez considera que sigue siendo necesario la medida de internamiento es un despropósito que se la permita salir.

“Ángel Carromero, el joven de Nuevas Generaciones del PP retenido en Cuba desde que sufrió un accidente de tráfico en el que murió Oswaldo Payá, ha sido acusado de homicidio. Mientras, la viuda de Payá reclama una entrevista con Angel Carromero y Aron, los últimos que vieron a su marido con vida. “Me he enterado por la televisión de esta versión de los hechos. Lo correcto hubiera sido que informaran a la familia antes…”.”Tengo que encontrar la verdad de esto…y sigo exigiendo al Gobierno cubano que tienen a esos muchachos bajo investigación me dejen entrevistarme con ellos. Es mi derecho”

No voy a hablar de temas políticos, no es el momento ni el lugar pero esta noticia me sirve para resaltar algo muy interesante: las víctimas nunca son escuchadas. Está claro ya sea una dictadura o no, una democracia o no, de “derechas” o de “izquierdas”, el sistema no atiende las necesidades de las víctimas y se apropia del dolor, del daño y del problema de éstas.

“ Un ciudadano francés residente en Madrid que pasaba unos días de vacaciones en Murcia falleció por el impacto de una piedra de 15 Kg lanzada contra su coche por un niño de 13 años, en un puente  que une la Manga del Mar Menor con Cartagena”

Esta es una de tantas y tantas noticias de sucesos y delitos trágicos que todos los días podemos ver en prensa escrita y televisión. En este caso además el chico no puede ser juzgado porque no tiene la edad mínima legal. Por supuesto, que muchas voces ya habrán vuelto a clamar por “justicia”, o lo que últimamente parece lo mismo,  que estos menores puedan ser juzgados y condenados, otra vez equiparación entre justicia y castigo. ¿Pero se haría justicia metiendo a este chico en  un centro de internamiento?

Consuelo Ordoñez, ha opinado “el estado no puede dejar de exigir el requisito de colaboración y no debe fomentar la flexibilidad en el cumplimiento de las penas”, también ha criticado que el Ministerio de Interior haya hecho caso omiso a esta petición de las víctimas de que se haga justicia.

El propósito de la reflexión de hoy, no es hablar de víctimas de terrorismo exclusivamente sino de toda clase de victimas, de todos los seres humanos que han sufrido un daño que según el estado es un delito y por eso, está sancionado por la ley.

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