“Charlie Hebdo” sale hoy tras los terribles atentados de la semana pasada en Francia, con un mensaje claro “Todo está perdonado”.

Bien conocido es por nuestra cultura popular el refrán que reza: “errar es humano, perdonar es de sabios”. Sin embargo, a pesar de convivir en un siglo marcado por el imparable avance tecnológico, todavía suspendemos en ciertas parcelas referidas, sobre todo, a la moral del ser humano y, si se me permite, de alguna manera relacionado con el sentido que tratamos de buscar a nuestra propia existencia individual, al significado de nuestro paso por la vida.

Nelson Mandela se ha ganado un lugar preferente en la historia universal y de él se puede destacar muchas cualidades y muchos valores que fueron y serán  un ejemplo para todos. Pero sin duda, hoy no puedo obviar que encarnó los valores de la Justicia Restaurativa, su mejor legado fue precisamente creer y apostar por esta Justicia, como medio para sanar el odio de toda una nación.

Sin duda, ser una víctima de un sistema racista que le mantuvo veintisiete años en prisión, podría haberle envenenado el alma y sin embargo, entendió que lo mejor para recuperar una vida plena, era liberarse del odio.

Me gusta el cine, lo reconozco, el clásico para mi es el mejor pero tampoco se puede despreciar las películas modernas. El cine siempre me proporciona alguna enseñanza y he decidido que tenía que unir dos de mis pasiones en un artículo como este: el cine y la justicia restaurativa ¿Imaginación? En absoluto. Todo empezó con Django Desencadenado, una película de acción con mucha sangre, típica de Tarantino, y lo cierto es que uno disfruta cuando ve sufrir a los malos, me vi reconfortada y riendo cuando el protagonista poco a poco va logrando su venganza y los “malos” reciben su castigo. Me gustó la película, no lo niego y cuando llegué a casa, me puse a reflexionar y me pregunté: ¿realmente creo en la justicia restaurativa? Porque esta película es claramente todo lo contrario: retributiva, fomenta la venganza y el ojo por ojo. La respuesta es fácil, claro que creo en la justicia restaurativa, esto es lo bueno de esta justicia que ante el daño y el sufrimiento, la reacción humana normal es el deseo de venganza pero esta justicia restaurativa más humana va más allá pues la venganza al final no satisface a las víctimas y no proporciona su curación total. Esta justicia no habla de ser blandos con los infractores, trata de confrontar al infractor con su acción delictiva y sobre todo revaloriza el papel de la víctima. Es ella la principal preocupación,  sin olvidar el castigo al culpable si fuera necesario. Lo que nos ocurre viendo películas como esta, no es otra cosa que la empatía, sí, efectivamente como seres humanos, la mayoría somos solidarios con el dolor de los demás, nos ponemos en su lugar y por eso la venganza forma parte de una manera de canalizar el daño y la ira de haber sufrido un delito o una acción injusta.

“La mediación es un método complementario y que en momentos de sobrecarga y cierto colapso en algunos juzgados puede ser importante como sistema alternativo del proceso” “también quiere felicitar a jueces, fiscales y abogados por poner en marcha una experiencia a nivel nacional para resolver procedimientos a través de mediación y con resolución vía conformidad”, esto afirmaba un presidente de un Tribunal Superior de Justicia.

“Perdón es la fragancia que la violeta suelta cuando se levanta el zapato que la aplastó” Mark Twain

El líder de Batasuna, Arnaldo Otegui asegura en un libro que se publicará próximamente que pide “disculpas” a las familias de las victimas de Eta si como portavoz de la formación ilegalizada ha añadido dolor o humillación. Lo siento de corazón, dice”

Como se puede ver otra vez estamos a vueltas con el perdón, y quizá la culpa no es de los que lo utilizan sin creerlo realmente, creo que  de forma indirecta es de la Justicia Restaurativa o más bien de su mal uso, de los que  han intentado transmitir a la sociedad y a los políticos que la Justicia Restaurativa es sobre pedir perdón y ya está, esto ha dañado el sentido y la esencia de esta justicia y sino, no hay más que ver el ejemplo de los famosos encuentros restaurativos víctimas y presos de ETA.

A propósito del artículo “la justicia restaurativa ¿quién es la víctima?", de nuestro compañero Víctor Manuel Comendador, con el que estoy cordialmente en total desacuerdo, voy a aprovechar esta valiosa oportunidad para clarificar conceptos de lo que es y no es justicia restaurativa y cuales son sus valores y principios, eliminando algunos mitos, que lastran la efectividad de la Justicia Restaurativa, ya probada en otros países desde principios de los setenta.

Revilla de 83 años y Urrusolo Sistiaga, uno de los terroristas más buscados durante los años ochenta y parte de los noventa, se reunieron en el interior de la cárcel, según confirmaron fuentes conocedoras de la reunión. Esta se llevó a cabo dentro del marco de los “encuentros restaurativos” organizados por la Secretaria General de Instituciones Penitenciarias, durante el Gobierno socialista con la colaboración de la Oficina de  Victimas del Terrorismo del Gobierno Vasco. Los presos no obtienen beneficios penitenciarios. Hasta ahora se han reunido once presos con once víctimas, algunas con un mediador presente y otras sin él”

Este es un extracto de una las pocas noticias que se han ofrecido sobre este tema. También pude escuchar en la televisión los testimonios de un encargado de estos encuentros y de una víctima.

Para enfocar esta pregunta he tomado una noticia al azar sobre una víctima de un delito muy serio, que ha perdido a su hija.

“Ni las llamadas de atención del Presidente del Tribunal de la Audiencia Nacional, ni la cercanía física de los terroristas amedrentaron a Toñi Santiago, la madre de la niña de seis años, asesinada en el atentado de Santa Pola (Alicante), para increpar a quienes, según confesó entre lágrimas, le habían amputado el alma.A ella el atentado, no le quitó “una pierna ni dos dedos. A mi, me han amputado el alma y el corazón”, aseveró. Por eso esperaba que los terroristas no vuelvan a acercarse a ninguna criatura”.

He puesto este ejemplo, no ya por tratarse de terrorismo, sino por ser un delito grave en el que la víctima ha sufrido daños morales y espirituales, muy difíciles de compensar. Pero cualquier víctima de un delito serio, me hubiera servido para ilustrar una inquietud que empiezo a tener desde hace unos meses ¿Por qué?

 

“El preso más antiguo de España indultado parcialmente por el último consejo de ministros socialista sigue en prisión, Miguel Montes Neiro lleva más de 35 años en prisión y sigue pendiente de que la Audiencia Provincial de Granada reviste su caso”

 

Respecto de este tema, del que ya hablé, me preocupa cómo ha podido fallar el sistema de rehabilitación y reinserción ya que según el artículo 25 de nuestra constitución, todas las penas privativas de libertad tienen este objetivo. Y es que no sólo es el largo tiempo que lleva en prisión sin delitos de sangre, sino también es importante las diferencias de trato que se producen, no ya entre las víctimas sino también entre los presos.

 

Y como ejemplo, me pregunto ¿si llevan meses hablando de conceder beneficios penitenciarios a presos extremadamente peligrosos que han cometido muchísimos delitos de sangre, siempre que pidan perdón a sus víctimas? ¿Por qué no se permite lo mismo con este otro tipo de infractores a todas luces menos peligrosos, con una lista de fechorías menores? Otro ejemplo ¿Por qué los presos “de guante blanco”, también obtienen de una forma más rápida beneficios penitenciarios?

 

Estoy empezando a pensar que el artículo 14 de la constitución española, en el que se dice que todos somos iguales ante la ley, no sólo es un ideal, sino que es un artículo totalmente imposible de aplicarse pues tal parece que hay presos e infractores de primera categoría y de segunda categoría.

 

Page 1 of 2