Existe un dicho popular que reza: “dos no pelean, si uno no quiere”. Parafraseando este refrán se me ha ocurrido titular esta reflexión “Dos no debaten, si uno no quiere”, porque el debate, la contraposición de opiniones, el diálogo, requiere (más aún que en el caso de la pelea) que haya voluntad por parte de los dos contendientes.

Cuando debatimos y nos escuchan sentimos que nuestros pensamientos son importantes, que somos iguales a nuestros compañeros de debate, que somos reconocidos, que somos legitimados.

Al comentar la sentencia del TEDH que resolvió el caso Kafkaris contra Chipre, de 12 de febrero de 2008, tuvimos ocasión de preguntarnos si la cadena perpetua es o no un trato inhumano. Según el criterio de la Corte de Estrasburgo, ya sabemos que si la legislación nacional del Estado que haya impuesto la cadena perpetua prevé la posibilidad de llegar a revisar, en algún momento, la reclusión de por vida para lograr su conmutación, terminación o la libertad condicional del recluso, con eso bastará para satisfacer el Art. 3 y que la cadena perpetua no sea considerada un trato inhumano o degradante.

El pasado Consejo de Ministros anunció la modificación, una vez más, de un ya más que maltrecho Código Penal, con la implantación de la prisión permanente revisable como decisión estrella en lo que no fue más que un acto de propaganda política. Y es que si queríamos informarnos algo más sobre las condiciones específicas bajo la que se regiría dicha condena, encontramos un triste texto de apenas una página para explicar su decisión. Acudí a ese breve texto con el objetivo de conseguir aclarar algunas dudas sobre su implantación que ya albergaba cuando se empezó a hablar del tema, pero reclamo que se me devuelvan esos cinco minutos que desperdicié en leerlo, porque aparte de mencionar los tipos penales a los que se aplica, nada se sabe aparte de avalar su decisión en unos supuestos expertos, y avalar su decisión. Nada de los criterios utilizados para revisar la condena, nada sobre el momento en que esta podría revisarse por primera vez, nada de nada. 

Aprovechando la exposición presentada por Francisco Javier Nistal al respecto de la cadena perpetua prisión permanente revisable no puedo más que mostrar algunas dudas sobre su futura aplicación.

1. El pronóstico de reinserción de terroristas es, si nos remitimos exclusivamente a la reincidencia, muy alto. De hecho, probablemente podamos hablar de las tasas más bajas de reincidencia en los delitos de terrorismo, aunque, lástima, no tengamos cifras sobre miembros de ETA que vuelven a reincidir. Los casos en que se produce una situación así son contados y sonados: el de Iñaki Bilbao, extraditado en el año 2000 y que volvió a atentar contra un concejal socialista en 2002, cuya aplicación sería evidente; y el de Juan Carlos Iriarte, pero dado que se trata de delitos menores (no hay ningún delito de sangre) difícilmente se le aplicaría dicha norma (dependerá de ese mínimo de condena que se estipule, tal y como comenta Javier).

I.- Planteamiento general

El ministro de Justicia ha anunciado, recientemente, que la “prisión permanente revisable”,  que se incluirá en una próxima reforma del Código Penal, sólo se aplicará como “mecanismo excepcional” para delitos de terrorismo, pero no para los agresores sexuales de menores ni a otro tipo delitos de especial gravedad que causan el rechazo de la sociedad, como inicialmente estaba previsto en el Programa del Partido Popular.