Hemos visto el uso de los TAC y demás diagnósticas de neuroimagen en el ámbito sanitario, y cada vez más estos métodos irrumpen en los tribunales para acercar la verdad a los magistrados. Tales herramientas suscitan, a veces, cierta preocupación.

Actualmente al menos en nuestro país hay una excesiva judicialización de los conflictos. Cualquier problema por nimio que sea es susceptible de acabar en los tribunales en forma de juicio de faltas. Esto supone que los juzgados se colapsan con asuntos menores en una proporción evidentemente apabullante de un 30% de delitos y un 70% de faltas.

Muchos de estos casos son problemas derivados de la convivencia vecinal, amistades que se rompen...en definitiva conflictos licitos y normales como seres humanos que somos y que llegan al sistema judicial penal en forma de insultos, amenazas, pequeñas peleas. (Nuestra mentalidad ha cambiado, con el devenir de los tiempos, pues hace unos años no tantos, por ejemplo , que el vecino,  te llamara fea y gorda, podía afectar en lo más intimo de tu orgullo y por supuesto que con seguridad  jamás volvías a dirigirle la palabra, pero era algo que quedaba ahí y como mucho en una retaila de insultos hacia su persona como compensación...ahora claramente se va a denunciar porque se cree que el juez restaurará el honor mancillado por este vecino).

Aunque esto no es el mayor problema, el gran disgusto es que las personas creen que en un juicio van a encontrar la solución definitiva al tema, creen que van a poder explicar al juez con lujo de detalles por qué ha sucedido los hechos, la relacion con el contendiente, incluso que podrán narrar de forma exhaustiva la evolución de su relación con la otra parte....en definitiva tienen tantas esperanzas en el juicio que es descorazonador ver que rara vez cubriran sus expectativas. ¿Por qué?