Guillermo González

Guillermo González

Nacido en 1986, apasionado de la historia y la arqueología además de la criminología. La historia humana y más adelante sus conflictos fueron los que me acercaron al deseo de conocer y entender los problemas de esta índole. Por ello, me interesé por los títulos que actualmente poseo: Graduado en criminología y Política Criminal y Licenciado en Criminología, así como algunos cursos desde las platformas Online Coursera y Udacity. Soy miembro de la Associació Interuniversitaria de Criminologia, Co-fundador de Criminólogos.eu  y subdirector de CyJ España, parte de Grupo CyJ. Siempre he tenido en alta estima la figura del emprendedor y del creador de proyectos; es por ello que me entusiasma asociarme con aquellas personas que, en vez de buscar un futuro, se lo fabrican; este es el caso del Grupo Criminología y Justicia. Combino mi labor en CyJ y Criminólogos.eu con una serie de investigaciones relcionadas con el ámbito de la seguridad y, en el terreno personal, con la escritura. Y encima, me gusta mucho el hip hop.

Correo: guillermogonzalez@criminologos.eu

La Ilustración y sus hijos predilectos nos dejaron en herencia una base sobre la que asentar los principios que, hoy día, rigen el objetivo de la pena privativa de libertad. Haciendo un breve repaso a los pilares jurídicos y sociales en los que se sustenta el Reglamento Penitenciario1 y la LOGP2, sabemos que el objetivo de los tratamientos penitenciarios están orientados a la reinserción del autor de un delito. Los tratamientos alternativos o de carácter menos lesivo pueden ser de muchos tipos dentro de las instituciones penitenciarias o correccionales, pero existe una cuestión que no debe pasarse por alto. ¿Son útiles todos los programas alternativos?

El tratamiento individual y colectivo del reo es fruto de una combinación de funciones de la pena; se añade al principio retribucionista una prevención especial positiva, la cual no significa otra cosa que, además de proteger a la sociedad eliminando la amenaza y reafirmando la funcionalidad de la punición, se pretende “convertir, reeducar o reinsertar” al autor de ese daño a la sociedad. Ha habido sentencias originales por parte de jueces que, desviándose un poco de la norma, han encontrado su utilidad para reinsertar al infractor.

Hemos visto el uso de los TAC y demás diagnósticas de neuroimagen en el ámbito sanitario, y cada vez más estos métodos irrumpen en los tribunales para acercar la verdad a los magistrados. Tales herramientas suscitan, a veces, cierta preocupación.

Cuando se hace referencia a un asesino en serie, la gente suele hacerse la misma pregunta: ¿Por qué?

La respuesta más manida no se hace esperar: Algo anda mal en su cabeza. Pero, ¿qué pasa cuando se reestructura lo que andaba mal en ella y sigue siendo un asesino?

La pregunta carece de respuesta para los expertos que trabajan sobre los criminales psicopáticos, si bien la neurociencia ha encontrado los puntos y devaneos cerebrales que distinguen al individuo normal del psicópata.

El pasado Jueves y Viernes días 27 y 28 de Septiembre se celebró en la Facultad de Derecho de la Universitat de Barcelona el seminario de Neurociencia y sistema penal, en el que renombrados ponentes de campos vinculados al Derecho y a la ciencia médica intentaron dar respuesta a varias cuestiones de gran calado en el mundo jurídico.

Un poco de historia:

En las sociedades tribales, la respuesta frente a una agresión se regía por el derecho de venganza. Poco a poco, la sofisticación de las sociedades antiguas y la necesidad de regularlas para una mejor gobernanza inspiraron códigos como el de Hammurabi, basados en la Ley del Talión.

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