Declaran incompetente mental al asesino de Tucson que intentó matar a una congresista

May 26, 2011 11650
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Tucson, Arizona – Un joven desconocido irrumpe entre la multitud un sábado 8 de enero de 2010 a golpe de pistola disparando aleatoriamente a la muchedumbre en un centro comercial de la ciudad. En esos momentos la congresista demócrata Gabrielle Giffords se disponía a dar un mitin. Los proyectiles acabaron con la vida de 6 personas e hirieron a otras 13, de las cuales una era una niña de 9 años y otra la congresista, abatida por un tiro en la cabeza. Tres espontáneos que estaban presentes se abalanzaron sobre el autor y le desarmaron, apresándolo hasta que llego la policía. Mientras un ayudante de la congresista de origen hispano la asistió en los primeros auxilios gracias a unas clases de cinco días que había dado pocas semanas antes, esto supuso salvarle la vida. El joven de la matanza era Jared Loughner, de 22 años de edad. El país se paralizó y rindió homenaje a los fallecidos y ánimos a los heridos, entre otros el Presidente Obama que da un discurso a la nación lamentando lo ocurrido.

Hace unas horas el juez competente ha declarado que Loughner es “mentalmente incompetente” para ser juzgado y por tanto deberá ser ingresado en un centro psiquiátrico. Solo unos minutos antes el asesino había sido expulsado de la sala por decir “Gracias por el loco espectáculo…ella murió frente a mí”. En las últimas cinco semanas diversos psiquiatras forenses y sociólogos habían evaluado el estado mental del reo, concluyendo que el autor de los hechos no podía ser apto mentalmente para afrontar un juicio por dichos cargos. Los psiquiatras han determinado que Loughner sufre una esquizofrenia, de tipo paranoide, lo que explicaría su constante desconfianza en sus propios abogados. El portavoz de la fiscalía ha explicado que el joven estará durante ocho meses sometido a tratamiento médico para recuperar la competencia.

El abogado de la defensa se ha declarado inocente de los 49 cargos que se le imputan, si bien no ha manifestado si decidirá alegar como causa eximente la patología de su cliente. Mientras la congresista Giffords sigue ingresada en un hospital de Houston sometida a un programa de rehabilitación donde se recupera favorablemente.

La gente que le conocía en la ciudad hablaba de un tormentoso pasado y de antecedentes de síntomas de patología mental, llegando a afirmar el sheriff que realizó la investigación que Loughner ya había amenazado con matar en otras ocasiones y que “podría te

 

ner un problema mental”.

 

 

La enfermedad mental y la delincuencia guardan una estrecha relación, pero por otro lado

 

existen falsas creencias que no ayudan a aclarar a la población la realidad del problema. El trastorno que mayor conexión establece con la delincuencia es el Trastorno Antisocial de la Personalidad (TAP, entre el 50-75% de los presos lo sufren); sin embargo se suele atribuir esa afirmación a la esquizofrenia o la psicopatía. En realidad estas dos patologías no son comunes entre la población reclusa, pero si generan gran alarma social por la gravedad de los casos que acaban en delito.

 

La esquizofrenia está presente en un 1% de la población y por el contrario estos sujetos son mas proclives a autolesionarse que a ha cometer delitos. El motivo por el que resulta tan grave la alarma que despiertan es porque cuando estos delitos se consuman suelen ser contra las personas, en forma de lesiones, homicidios, asesinatos, etc. Esta enfermedad mental se caracteriza fundamentalmente por la perdida de conexión con la realidad, existiendo un conjunto de síntomas y signos tanto positivos (alucinaciones, delirios, ideas delirantes…) como negativos (abulia, afasia, apatía, etc.). El tipo paranoide es el más habitual y el más peligroso desde un punto de vista criminológico, caracterizado por la desconfianza y suspicacia en todo el mundo. El enfermo paranoide es incrédulo, celoso, querulante, puede tener manía persecutoria, etc. Se manifiesta generalmente entre los 20 y los 30 años, no se conoce cura, si bien el pronóstico puede ser más favorable con un buen tratamiento, consistente en una adecuada medicación, psicoterapia y apoyo social. Aunque el mejor remedio es evidente que es un diagnostico precoz que prevenga de casos como el expuesto.

Alejandro Manso González

Criminólogo | Diplomado superior en Investigación Privada

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