Desde los inicios de la ciencia criminológica, en el siglo XIX, los primeros autores ya percibieron la necesidad de desarrollar una visión comparada de la Criminología, que permitiera saber no tan solo cómo es la delincuencia en los países de nuestro entorno, sino cómo son las políticas preventivas desarrolladas en otros lugares, todo ello con la finalidad de poder trabajar en el diseño de las mejores políticas posibles encaminadas a la gestión de los problemas de criminalidad. Tanto es así, que teóricos como Sheptycki y Wardak (2005) pronuncian sentencias como “cualquier Criminología merecedora de este nombre debe contener una dimensión comparada”, o Aebi (2010) “la ciencia se basa en las comparaciones, y la Criminología no es una excepción a esa norma”.