Para justificar su intervención en la guerra de Cuba, el accidente sufrido por el acorazado Maine en el puerto de La Habana fue presentado por los norteamericanos como una acción terrorista española.

Es posible que el presidente Roosevelt conociera con antelación los planes japoneses de atacar Peral Harbour, consintiéndolo para tener un pretexto que le permitiera participar en la Segunda Guerra Mundial.

El incidente del golfo de Tonkin fue falsificado para explicar la intervención estadounidense en Vietnam.

La Junta de Jefes del Estado Mayor planeó en su día escenificar varias acciones terroristas en EE. UU. con el fin de instigar una guerra contra el régimen de Fidel Castro.

Sadam Hussein fue deliberadamente engañado por la diplomacia estadounidense para que invadiera Kuwait.

“Forjarán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra"

Isaías 2,4

El Master interuniversitario en Diplomacia y Relaciones Internacionales realizado en la Escuela Diplomática del Ministerio de AA. EE. y Cooperación bajo el ámbito universitario de la Universidad Rey Juan Carlos, Complutense, Alcalá de Henares, Carlos III y la Uned, abrieron en mi la semilla germinada en mis primeros años universitarios por la política exterior, capacidades que pude poner en marcha en mi estancia de practicas en la Embajada de España en Túnez año 2008-2009, descubriendo el verdadero eje y paradigma de las relaciones internacionales: EE. UU. La omnipotencia con capacidad de hacer tabla rasa del derecho internacional y establecer un nuevo orden, pero estoy adelantándome en mis hipótesis, este trabajo trata de verificar las hipótesis consistentes en saber si la política exterior de EE. UU. se basa desde ya el siglo XIX en la fabricación del enemigo, en el terror, en un orden internacional hegemónico e imperialista, en el uso de la fuerza, en la guerra preventiva, acción preventiva o legítima defensa preventiva.

La pena de muerte supone, aún a día de hoy, un tema que conduce a un debate de nunca acabar respecto tanto a su efectividad como a la humanidad de la pena. Nos encontramos en un campo con dos polos totalmente opuestos: los que defienden fervientemente dicha pena, y los detractores que se escandalizan con el su existencia en pleno siglo veintiuno. Muchos estudios habidos y por haber han intentado defender y combatir la ejecución de este tipo de condena, y, aunque muchos de ellos no han dudado en indicar su inefectividad a nivel preventivo, el caso es que sigue conservando un buen número de defensores que, independientemente de lo efectiva que sea, consideran un castigo muy justo para cierto tipo de delitos. 

Este fue el impactante título del óleo que Norman Rockwell (1894-1978) pintó para la revista Look en enero de 1964; en pleno debate sobre la segregación racial en el Sur de los Estados Unidos. El cuadro muestra a una decidida niña negra –Ruby Bridges (1954)– vestida de blanco inmaculado, mientras va a clase, escoltada por cuatro miembros de los US Marshall, en un colegio donde hasta ese momento no se permitía el acceso a los afroamericanos. El artista representó a los cinco personajes caminando por delante de una pared donde alguien ha lanzado un tomate junto a una despectiva pintada en la que aún puede leerse NIGGER –traducible al castellano como NEGRATA– escrita en mayúsculas por la racista y hostil sociedad de Luisiana de los años 60.

Comenzó a finales del siglo XIX, con dos protagonistas –el pueblo de Cuba luchando por su independencia y los EE.UU., dando las primeras muestras de querer ser una potencia mundial– y un convidado de piedra –España– sumida en plena crisis e incapaz de asumir que ya no existía aquel imperio de los Austrias donde no se ponía el sol.

    En 1868, el Manifiesto del 10 de octubre fue un documento de los independentistas cubanos donde denunciaban la opresión de las autoridades españolas que –según decían– gobernaban la Isla con un brazo de hierro ensangrentado, privada de toda libertad. Aquel manifiesto fue el punto de partida de la Guerra de los Diez Años que finalizó en mayo de 1878. A partir de entonces, se inició la llamada Tregua Fecunda; diecisiete años que transcurrieron entre la firma de aquella paz sin independencia y el estallido de la insurrección, el 24 de febrero de 1895.