“Doce personas han muerto y otras 59 han resultado heridas en un tiroteo en un cine, cerca de Denver (EEUU) cuando un enmascarado ha entrado en una sala y ha disparado indiscriminadamente. El atacante, un hombre vestido de negro con casco y máscara ha irrumpido en la sala de cine con una escopeta y ha comenzado a disparar. El presunto asesino James Holmes, de 24 años es un chico aparentemente normal e incluso brillante, aspirante a neurocientifico”.

Este es el resumen de las muchas noticias que se pueden leer sobre la masacre que acaeció hace unos días en un cine normal, de una población normal de EEUU. Resalto la palabra normal, porque es lo que define este terrible suceso, a las victimas y al propio atacante. El presunto asesino James Holmes, no es un “monstruo” al que las víctimas y todos nosotros podamos odiar para mitigar el dolor, no actuó por motivos ideológicos, no es un terrorista, no proviene de una familia desestructurada ni de un entorno marginal, nisiquiera tiene algún retraso mental sino que todo lo contrario, parece que tenia un futuro prometedor y brillante. Hubiese sido más llevadero si este asesino hubiese sido árabe, delincuente habitual o simplemente un loco…sin embargo para ahondar más en el dolor y las preguntas sin respuesta, el atacante es un norteamericano aspirante a neurocientifico con una familia como cualquier otra. Entonces surge una pregunta terrible ¿Por qué? ¿Por qué alguien aparentemente normal puede convertirse en un asesino?

Con la colaboración de Luis Borrás Roca

Hace un poco más de un año, publiqué un artículo titulado “Asesino y Caníbal: ¿podría ser peor?”. En dicho artículo explicaba los tipos de canibalismo y mencionaba a algunos de los más conocidos caníbales como Sagawa, Fish o Meiwes. Todos ellos cuentan con el dudoso honor de encontrarse en la lista de caníbales más famosos de la historia del crimen.

Issei Sagawa

Albert Fish

Armin Meywes

 

 

 

 

 

    El 22 de julio de 2011 será una fecha que jamás se olvidará en los anales del crimen. Ese día, Anders Breivik, un joven de 32 años de edad y natural de Noruega, asesinó a 77 personas en dos actos y dos escenarios bien diferenciados. Ocho murieron en el centro de Oslo, víctimas de una bomba, los 69 restantes a tiros en la isla de Utoya.

    Quién es realmente esta persona y por qué actuó a como lo hizo, se preguntan los miembros del juicio que se inició el pasado 16 de abril y que pretende esclarecer todas las circunstancias que rodean a la masacre. Hasta el momento la disquisición principal se ha centrado en intentar averiguar si el acusado está loco o no. El primer informe psiquiátrico aseguraba que Breivick no estaba en plena posesión de sus facultades mentales, mientras que el segundo informe afirmaba lo contrario.

Existe en el Derecho penal moderno un principio básico oído por la inmensa mayoría: “in dubio, pro reo” es decir, en caso de duda a favor del reo. Esto significa simplemente que si en un juicio hay falta de pruebas se favorecerá al acusado. Este es un principio básico dentro del Derecho penal moderno por el cual el fiscal o su equivalente debe demostrar si una persona es culpable y no el acusado el que tenga que probar su inocencia. Pero…¿se aplica en todos los casos?

En el año 2005, la Behavioral Analysis Unit -2 (dedicada a investigar los delitos contra adultos), perteneciente al National Center for the Analysis of Violent Crime (NCAVC) del FBI, organizó un Simposium sobre Asesinatos en Serie (Perspectivas Multidisciplinarias para Investigadores), al objeto de reflexionar sobre el estado actual de las estructuras dedicadas a investigar este fenómeno delictivo, para detectar problemas tanto metodológicos como de procedimiento y efectuar así un más eficiente afrontamiento policial.

En el estudio del perfil del criminal nos encontramos con diferentes casos que nos llevan a clasificarlos por grupos.

A pesar de la creencia popular, un asesino en serie es un subtipo de asesino múltiple, pero no por eso un asesino múltiple es siempre un asesino en serie.

Éste articulo se puede llevar a término gracias al trabajo de investigación y formación de Juan Francisco Alcaraz Albertos de la Sociedad Española de Investigación de Perfiles Criminológicos (SEIPC)

...“Me comí su hígado con un gran plato de habas y un buen quianti”...

Ésta es una de las frases más célebres en la historia del cine de culto al asesino en serie. El Dr. Hanníbal Lecter interpretado por Anthony Hopkins en “El silencio de los corderos” se jacta así de sus actos atroces de canibalismo amén de su despiadada crueldad en los asesinatos cometidos. Pero no solo la ficción ha reflejado en la historia el canibalismo o como quizá deberíamos denominar por su etimología, antropofagia.