Suele decirse que, en algunas ocasiones, la realidad supera a la ficción y es cierto, a veces los hechos reales resultan mucho más sorprendentes que el argumento de una de esas películas que ponen en televisión durante la sobremesa de los fines de semana. Uno de estos casos ocurrió el 7 de febrero de 2007, cuando la recién divorciada astronauta estadounidense Lisa Nowak –que en 2006 había participado en uno de los vuelos tripulados a la Estación Espacial Internacional– fue detenida por intentar secuestrar a la actual pareja (la ingeniera Colleen Shipman) de un astronauta del Discovery (el capitán William Oefelein) con el que Lisa estuvo saliendo.

Nowak condujo su coche desde Houston (Texas) hasta Orlando (Florida) –unos 1.500 km; algo más de la distancia que separa Huelva de Gerona– sin detenerse (llevó puestos los pañales “espaciales” para no tener que ir al baño), armada con una pistola y un cuchillo, un spray de pimienta, guantes, grandes bolsas de plástico, una peluca y una pala; según su testimonio, simplemente para asustar a su rival; aunque parecía evidente que trataba de asesinarla.

Durante el proceso, no se pudieron tener en cuenta las primeras declaraciones de la detenida porque el juez de Florida apreció que no se habían respetado sus garantías a un proceso justo (la famosa Declaración Miranda que ya tuvimos ocasión de comentar en otro in albis) y, finalmente, la acusada se declaró culpable de cargos menores y fue condenada a un año de cárcel; la NASA la expulsó del programa espacial y fue degradada del ejército. Por su parte, los otros dos protagonistas de este triángulo –Colleen Shipman y William Oefelein– se casaron en 2010. En cuanto a la Agencia Espacial norteamericana, a raíz de este suceso redactó un nuevo código de conducta para seleccionar a los candidatos que quieren ser astronautas.

George Mason fue uno de los llamados padres fundadores de los Estados Unidos por participar en la Convención de Filadelfia donde se sentaron las bases para formar una unión más perfecta entre las trece colonias de la Costa Este que se independizaron de Gran Bretaña. En 1776 propuso este curioso lema (motto, en inglés) para Virginia que, junto a Pensilvania y Massachusetts, decidieron denominarse Commonwealth en lugar de State (Estado) como las otras diez ex colonias británicas. El origen de esta frase se suele atribuir a Bruto, antes de que apuñala a su padre, Julio César, en el siglo I. Literalmente, significa: Así siempre a los tiranos; pero es habitual que se traduzca como muerte a los tiranos.

Desde entonces, este lema en latín forma parte del escudo y la bandera virginiana, donde una alegoría de la virtud, apoyada en una vara, pisa el cuello de la tiranía tumbada en el suelo, al lado de una corona caída. El dibujo original fue diseñado en 1777 por el juez y abogado George Wythe que, posteriormente, murió envenenado en 1806 por su sobrino-nieto, George Wythe Sweeney, al que se detuvo y juzgó pero acabó siendo absuelto de todo cargo porque el único testigo que vio cómo vertía arsénico en el café de su tío fue una esclava negra, Broadnax, y en aquel tiempo las personas de color no podían testificar por culpa de las racistas leyes de Virginia.

Desafortunadamente, ese no fue el único crimen relacionado con este lema. Según algunos testigos, cuando John Wilkes Booth disparó a la cabeza del presidente Abraham Lincoln –en el palco del Teatro Ford, de Wáshington, el 14 de abril de 1865– gritó sic semper tyrannis antes de cometer uno de los magnicidios más famosos de todos los tiempos. Asimismo, ciento treinta años más tarde, un policía detuvo al antiguo soldado Timothy McVeigh por circular con un coche sin tener carné de conducir y poseer armas sin licencia, el joven tenía puesta una camiseta con aquel mismo lema latino y una imagen de Booth disparando a Lincoln. Luego se supo que McVeigh venía de cometer un brutal atentado con una potente furgoneta-bomba colocada en un edificio del FBI en Ciudad de Oklahoma donde fallecieron 168 personas el 19 de abril de 1995. El terrorista fue condenado a muerte y ejecutado mediante una inyección letal en 2001.

La típica escena donde un policía detiene a un sospechoso y, mientras le pone las esposas, le va diciendo que tiene derecho a permanecer en silencio. Cualquier cosa que diga podrá ser usada en su contra ante un tribunal. Tiene derecho a consultar a un abogado y a tenerlo presente cuando sea interrogado por la policía. Si no puede permitirse contratar a un abogado, le será asignado uno de oficio para representarle…Este diálogo que todos conocemos prácticamente de memoria, gracias a las series de televisión y al cine negro, se llama la Declaración Miranda. No existe una redacción oficial de los términos exactos que debe contener la lectura de sus derechos al detenido pero, según la jurisprudencia norteamericana, ésta debe contener los elementos que hemos mencionado y que en inglés serían:The person in custody must, prior to interrogation, be clearly informed that he has the right to remain silent, and that anything he says will be used against him in court; he must be clearly informed that he has the right to consult with a lawyer and to have the lawyer with him during interrogation, and that, if he is indigent, a lawyer will be appointed to represent him.

Coincidiendo con el extraño robo del Codex Calixtinus en la catedral de Santiago de Compostela –este códice del siglo XII fue la primera guía de peregrinos en la que el monje Aymeric Picaud describió las cuatro vías principales para hacer el camino jacobeo– en Estados Unidos se ha publicado la lista de los autores más robados en las librerías de este país; no se trata de los best seller más vendidos del momento sino de lo que podríamos llamar, los best stolen; una curiosa estadística que nos ayuda a conocer los gustos literarios de los shoplifter, término que no tiene una correspondencia exacta en castellano (¿descuideros, mercheros, loros, picadores, rateros…?) pero que podríamos traducir, literalmente, como mangatiendas: ladrones aficionados que suelen hurtar –en este caso, libros– en los comercios.

La pequeña Mary Ellen –hija de Francis y Thomas Wilson– nació en el violento barrio de Hell´s kitchen (la cocina del infierno), ubicado junto al río Hudson, en Manhattan, Nueva York (EEUU) en 1864; un lugar conocido en los ambientes literarios por ser las calles donde Mario Puzo situó la infancia de Vito Corleone en El Padrino y Lorenzo Carcaterra el drama autobiográfico de aquellos niños maltratados en Sleepers.

Page 2 of 2