Dado que el criminólogo, dentro de los diversos contextos posibles en los que se mueve, es un profesional llamado a tratar directamente con personas que, ya sean como víctimas primarias, secundarias o como delincuentes pueden estar sufriendo los efectos de una situación desagradable o angustiosa en todos los casos; así como también ha de acudir a ciertos lugares e instituciones o adentrarse en contextos difíciles, me parece interesante lanzar la siguiente reflexión:

¿Consideras que es importante el entrenamiento en inteligencia emocional para ser un buen criminólogo?

¿Podemos predecir un perfil de riesgo en la ciencia forense?

¿Podemos estimar sus factores problemáticos?

¿Podemos evitar consecuencias no deseadas?

¿Podemos identificar sus actores implicados?

¿Podemos exponer una idea de trabajo para la evaluación de riesgos en la ciencia forense?

¿Es posible extrapolar metodología de inteligencia para su uso en la ciencia forense?

¿Y la ciencia forense, puede intervenir y coadyuvar a su vez con la inteligencia?

Consideraciones generales

El fenómeno de la serialidad criminal desde siempre ha presentado dificultades a las autoridades policiales en la resolución de los diversos casos. Si bien no entraremos en detalles de asesinos seriales en particular, sólo por mencionar algunos tales como Ted Bundy, John Wayne Gacy, Jeffrey Dhamer, se han cobrado una veintena y más de crímenes antes de ser apresados.

Es cierto que asesinos en serie ha habido a lo largo de la historia. De éstos se tienen registros de algunos, como Gilles de Rais, Galius, la Condesa Elizabeth Báthory. Igualmente, la denominación “asesino serial” no es tan vieja como el fenómeno, sino que se acerca mucho a la actualidad.

¿Se libra una guerra contra el terrorismo? En mi opinión, no. No es una guerra contra el terrorismo sino contra un modo de civilización, el fundamentalismo islámico,  incompatible con el modo de vida occidental tal y como está conceptuado. En efecto, se trata de una guerra, pero no en el sentido convencional del término, en el que dos ejércitos se enfrentan uno a otro y en el que, teóricamente, debería salir vencedor el que tomara mejores decisiones en función de sus medios humanos y materiales y los del oponente. En esta guerra, el terrorismo es el tipo de combate elegido por uno de los bandos, un modo de combatir en el que no luchan soldados contra soldados a una mayor o menor distancia entre ellos en función de la tecnología aplicada, sino terroristas, que no emplean uniformes que les identifiquen como tales, contra población en general (en la que se incluyen soldados del bando contrario, claro está, pero también civiles), con la finalidad de generar tal estado de terror en la población del bando objetivo que sus dirigentes evalúen como inaceptables las pérdidas producidas y se dobleguen frente al bando contrario. El terrorismo ha cambiado de modo drástico el modo de guerrear del ser humano, modo en el que la incertidumbre y el terror se han convertido en armas mucho más poderosas que el más sofisticado armamento tecnológico. 

Es por ello que la expresión guerra contra el terrorismo es inexacta y puede llevar a confusión.

El personaje más buscado durante diez años por los servicios de inteligencia ha muerto en una intervención conjunta de la marina de los Estados Unidos y el ejército paquistaní.