El pasado 21 de marzo, un Macbook (portátil de la compañía Apple, valorado en más de 1.000 euros), fue sustraído del apartamento de un joven norteamericano en Oakland. Tras el robo, informó del crimen a la policía diciéndoles donde se encontraba el ladrón, pero le dijeron que no podían ayudar por falta de recursos. Pero mientras tanto, lejos de quedarse parado, continuó él mismo con su investigación.