Pensé que ya no quedaban políticos responsables y comprometidos con la sociedad, al menos la imagen de ellos que tengo últimamente es la de más preocupados por el poder, por criticar al partido contrario y que además cuando algo grave ocurre automáticamente se apuntan a la opinión que creen más votos les hará ganar. Sin embargo, parece que sí, ¡hay esperanza!, existen políticos que asumen su responsabilidad y lejos de actuar guiados por propaganda populista actúan en aras al bien común y para la mejor atención de los ciudadanos.

Me estoy refiriendo a Nick Clegg, viceprimer ministro de Inglaterra, en una noticia de hace unos días en el periódico  “the Guardian” se podía leer lo que opinaba acerca de los disturbios en su país y cómo van a enfrentar el conflicto.

“Las personas condenadas por los delitos de disturbios deberían mirar a sus víctimas en los ojos, y debemos hacer un ejercicio de compromiso publico para establecer cuales son las causas de estos disturbios”

“Afirma que la gente culpable de saqueo o violencia harán servicios a la comunidad o participaran en programas de justicia restaurativa”

“Deberán ver ellos mismos las consecuencias de sus acciones y trabajar reparando el daño y la destrucción causada para no hacerlo de nuevo”

“las victimas solo son realmente protegidas si el castigo conduce a los infractores a no volver a cometer delitos”.

Las elecciones han pasado y mientras unos se lamentan la pérdida de votos y por tanto de poder, otros se vanaglorian de su avance coyuntural hacia el poder y el futuro gobierno de España. Todo esto al ciudadano de a pie nos puede parecer mejor o peor pero lo que la mayoría tenemos claro, es que hay que poner remedio a la crisis.

Es evidente que todos los países del mundo encierran en su interior corrupción y delincuencia. Los estados totalitarios no lo reconocen, mientras que los democráticos lo asumen e intentan reducirlo hasta niveles razonables; sin embargo las cotas en México han dejado de ser tolerables.

 

Vídeo: Europa Press

 

La sentencia dictada por el Tribunal Supremo respecto a la posibilidad de que Bildu pudiera presentarse a las elecciones ha provocado reacciones en los diferentes ámbitos políticos.

Siempre he pensado que existe separación de poderes en nuestro país, que hay poder legislativo, un ejecutivo y un judicial. Sin embargo, últimamente estoy empezando a dudarlo.

Partiendo de la base de que los miembros del máximo órgano de gobierno de los jueces son elegidos por las cámaras parlamentarias y que los partidos mayoritarios y minoritarios tienen una "lucha" por meter en él, a sus teóricos más "aptos" o más bien adeptos a sus ideología, esto ya indica desgraciadamente que más que separación lo que hay es una sútil conexión de poderes ( aunque sobre estos temas hablaré con toda seguridad en otra ocasión).

Lo que realmente me preocupa hoy son las prisas con las que se hacen las reformas y la poca seriedad a la hora de hacer la valoración de estas y su evolución. Como ejemplo de actualidad, puedo hablar de la nueva "oficina judicial", sí, esta que nos han vendido como la gran apuesta por la modernización y agilización de la justicia.