La muerte del terrorista Osama Bin Laden, ejecutada por soldados americanos, y ordenada desde los más altos mandos de la política norteamericana, es un tema de máxima actualidad al igual que de gran controversia: por un lado están los que consideran este hecho como la actuación más brillante en defensa exterior de Obama, y por otro los que creen oportuno reabrir de nuevo la polémica acerca de las “técnicas de investigación coercitivas” que se emplean para extraer a los acusados toda la información que será de especial relevancia bien para capturar presos, localizar enclaves estratégicos o conocer tácticas militares que de otro modo sería imposible averiguar o que al menos llevaría mucho más tiempo siguiendo las medidas convencionales.