El psicólogo Javier Urra sugiere a los “pederastas o violadores en serie el suicidio como salida ética”.

Ciertamente, tras leer esto me surgen muchas inquietudes y preguntas sin resolver. ¿De verdad lo ha dicho o solo era para salir en los medios? ¿Y si lo dice en serio, como puede ser psicólogo?

Realmente que una persona que se dedica a tratar de ayudar en la recuperación y transformación de las personas se dé por vencida, es algo terrible

“La Justicia Restaurativa y la reinserción es un objetivo estratégico”, decía el otro día el director de justicia del Gobierno Vasco, sobre el Servicio de Gestión de Penas.

Tras esta noticia, me encuentro un poco desconcertada, parece que en estos momentos la Justicia Restaurativa es la palabra comodín, para hablar de justicia. Muchos deben considerar que queda bonito,  hablar de esta Justicia aún sin especificar qué es o en qué consiste según ellos

Nos gusta pensar que vivimos en un mundo ideal. A casi todos nos gustan los finales “felices”, en los que los “malos” reciben su merecido y los “buenos” obtienen  su “felices para siempre”. Esto lo hemos aprendido, desde pequeños en los cuentos de hadas y en muchas películas, por eso cuando un delito se comete, nos convertimos en víctimas y nuestro mundo perfecto se quiebra.

Cuando oímos la palabra delito, y más si es grave, enseguida nos viene a la mente el daño que se haya producido como consecuencia de este hecho delictivo. El ser humano, por lo general, sí tenemos de forma natural, cierto grado de empatía que nos hace ponernos en el lugar del que sufrió el delito.

Sin embargo, esta naturalidad que surge en el primer instante, se evapora con la publicidad que los medios de comunicación hacen del delito y con la forma de abordarlo, que tienen los operadores jurídicos y en general el sistema.

Que existe un descontento generalizado y una sensación de que no hay justicia es algo que no deja lugar a dudas.

A esto contribuye entre otras cosas, los claros casos de corrupción y cómo parece que el rico que roba,  es menos castigado por la ley que el resto de los ciudadanos de a pie, que delinquen ante situaciones más penosas y perjudiciales. Se diría que quién ha hecho la ley, ha hecho la trampa

El problema surge  con la idea de justicia ¿qué es justicia o que significa para cada uno de nosotros hacer justicia?

Ayer estuve escuchando en la televisión que un hombre, condenado varias veces por maltrato animal, podría entrar en la cárcel. Sería la primera vez que sucede en España.

Respecto a esto tengo sentimientos contradictorios, por un lado, creo que es importante que por fin, se tomen en serio que maltratar a un ser vivo es igual o más grave que a las personas. ¿Por qué? Porque si falta la empatía necesaria hacia los seres vivos, ¿cómo podemos exigirle que no dañe a otro ser humano?

Claramente, aquí radica la raíz de muchos futuros delincuentes y delitos graves, la falta de empatía, la falta de capacidad de ponerse en el lugar de otro ser vivo y ver que sufre y que no debe hacerlo sufrir. Sin embargo, ¿sólo con la pena de prisión es suficiente?

Hace un año hablaba de los atentados de Boston y cómo enfocar el gran daño creado, desde un punto de vista restaurativo. Delitos como el terrorismo afectan seriamente no solo a las víctimas directas sino también a la sociedad. A nadie escapa que tras atentados tan impactantes, algo se resquebraja en cada uno de nosotros, primero perdemos la confianza en que vivimos en un buen lugar, en que el mundo es un lugar pacífico e idílico, pero además perdemos nuestra capacidad de empatizar con nuestros semejantes, de repente, cualquier persona que nos rodea puede ser un “potencial asesino o criminal”

Cuando hablo de Justicia Restaurativa, parto de dos ideas centrales y que tienen que  ver directamente con los afectados: la mayor y mejor atención a las víctimas, procurando su reparación y la responsabilización del infractor por su conducta

Estas dos premisas ponen en evidencia el lazo que une a víctima e infractor tras el delito. Aunque puede parecer que no es así, el hecho delictivo, une a los afectados pero en una situación de desequilibrio en favor del infractor. Por eso, en una espiral de beneficios, la responsabilización voluntaria del infractor favorecerá la reparación a la víctima, lo que repercutirá en la sociedad que se sentirá más segura y en el infractor que verá en la reparación una prestación socialmente constructiva, que facilitará su reinserción.

La tercera edición del Congreso Internacional sobre Justicia Restaurativa y mediación penal que celebramos cada dos años,  en mi ciudad ha cumplido con creces mis expectativas y me ha servido para sopesar en qué medida la Justicia Restaurativa es posible o solo un ideal . Me explico, cuando escucho a ciertos operadores jurídicos y algunos juristas, me entra el pánico porque tal parece que quieren hacer de la Justicia Restaurativa, una parte más de la justicia tradicional. Siempre hablan de protocolos, normas y de ser congruentes con los principios de derecho. Entiendo que el “ius puniendi”  es algo indisponible y que el deber del estado debe ser procurar cierta igualdad a la hora de su aplicación. Esto choca frecuentemente con una parte de la Justicia Restaurativa; la que se encarga de los delitos menores. En estos casos, la Justicia Restaurativa actuaría como una alternativa al sistema tradicional, lo cual choca con el principio de legalidad.

Con frecuencia oímos a las víctimas  decir que lo único que quieren es que se haga justicia. Pero lo más difícil es concretar y entender qué se quieren expresar con  querer justicia.

La justicia nació por la necesidad de mantener la armonía entre los miembros de la sociedad. Según Ulpiano es la “constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo”

Esta definición de justicia está muy relacionada con la Justicia Restaurativa, por cuanto habla de cierta individualización y cercanía, parte de la premisa que la Justicia debe tener en cuenta al ser humano  y sus circunstancias. Por eso, más que Justicia igual para todos, la justicia debería comportarse de forma que pueda satisfacer las necesidades de cada víctima y tener en cuenta las circunstancias personales y sociales de cada infractor. Más que igual debe abordar cada delito como un caso único y tener en cuenta que afecta a seres humanos y no simples números de expedientes, y por eso mismo, cada persona es diferente de la otra y sus necesidades serán también distintas.

Muchos podrán pensar que esta idea de justicia puede resultar incompatible con la justicia en general pero más bien se trataría de coordinar las dos vertientes de justicia.

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