Paleopatología: recuperando las pruebas del pasado

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¿Cómo se lleva a cabo la recuperación de restos humanos en una fosa común? Este artículo realiza una primera aproximación, al colectivo criminalístico y al público en general, sobre las tareas de recuperación de este tipo de hallazgos, así como también analiza las diversas técnicas empleadas en la localización de las inhumaciones y el ulterior tratamiento de los restos óseos, todo ello basándonos en los testimonios de los especialistas que colaboran en esta tarea y en las apreciaciones obtenidas el 21 de marzo de 2009, en la fosa común de Valdeolmillos (Palencia), que data del mes de septiembre de 1936, durante los primeros meses de la Guerra Civil Española.

Una vez que se localiza el lugar de los hechos y se llega al nivel en el que se encuentran los indicios, comienza un trabajo arduo en el que trataremos de identificar lo siguiente:

  • Restos personales: cabello, prótesis. (Figura 1).

  • Objetos que llevaran las víctimas en el momento de su muerte: lápices, plumas de escribir, lentes o cualquier otro objeto que pudiera arrojar algo de luz sobre la identidad de la víctima. (Figura 2).

  • Restos de vestimentas: fajas (corchetes, botones...etc.), impronta de pantalones, restos de tejidos o de prendas de abrigo que pudieran indicar la data de la muerte, suelas de zapato...etc. (Figura 3).

  • Objetos ornamentales: anillos, colgantes, cadenas, peinetas...etc.

 

Otro aspecto a tener en cuenta es la posición de los cuerpos en el enterramiento: en ocasiones se han hallado individuos con las manos entrelazadas, maniatados o con posturas que pueden indicarnos cómo estaban antes de morir. No es inusual encontrar los restos superpuestos unos encima de otros, lo que demuestra el grave desinterés por parte de sus verdugos, quienes en otras ocasiones sí quisieron aprovechar al máximo el espacio preparando los cuerpos de un modo específico, como en esta fosa, apreciándose un enterramiento sucesivo en el que la cabeza de cada víctima se colocaba entre las piernas semiabiertas del cuerpo precedente.

 

 

En cuanto al número de individuos de las fosas, esto es muy variable. En el caso la de Valdeolmillos , en un inicio se la bautizó como “la fosa de las mujeres” pues se pensaba que en ella podía haber unas trece, sin embargo un familiar exiliado en Francia de alguna de las fusiladas acudió en la búsqueda de los restos a principios de los años 80; todos sabemos que en situaciones de desesperación y dolor uno se aferra a un clavo ardiendo y esta persona se llevó numerosos restos por lo que al abrir la fosa sólo se hallaron tres esqueletos y numerosos huesos aislados de otras víctimas.

Pero lo que sin duda es de vital importancia en una exhumación es la presencia de lesiones traumáticas en los huesos, destacando principalmente las fracturas ante mortem pues son las que realmente nos aportan una información veraz acerca de la violencia sufrida por las víctimas. Las fracturas de este tipo son relativamente sencillas de identificar pues en ellas se produce un cabalgamiento de los huesos fracturados como consecuencia de la acción de los músculos agonistas y antagonistas en la persona viva.

Una vez que se ha tenido en cuenta todo lo anterior, se procede a clasificar todos los huesos con el fin de determinar a qué individuo pertenecen para después llevar a cabo el análisis antropológico de los restos óseos encontrados.

 

Análisis antropológico de los restos óseos.

 

Aunque pueda parecer que el trabajo duro ya se ha realizado en el campo al cavar y reabrir la fosa, la verdadera labor comienza ahora en el laboratorio pues es en este momento cuando la participación del médico forense se hace indispensable. Una vez lavados los huesos se procede a un exhaustivo estudio en el que se pretende analizar lo siguiente: sexo, edad en el momento de la muerte, estatura y posibles lesiones traumáticas presentes.

  • Determinación del sexo.

Debemos tener en cuenta que una vez conseguido un esqueleto completo la posibilidad de errar en la determinación del sexo apenas es del 5% de modo que es fácil lograr un correcto diagnóstico, el cual debe basarse fundamentalmente en el análisis del cráneo, la pelvis y el fémur. Para todo ello debemos tener en cuenta los siguientes aspectos:

 

  • Tamaño y aspecto general (mayor peso y volumen en hombres).

  • Aspecto de la frente.

  • Prominencia occipital externa.

  • Apófisis mastoide.

  • Bordes supraorbitarios.

  • Prominencia de la glabela.

  • Prominencia del mentón.

  • Otros aspectos como la morfología de la apófisis estiloides, los cóndilos del occipital y el paladar.

No obstante podemos decir con toda seguridad que el hueso clave para la identificación del sexo es la pelvis, siendo sobre todo notables las diferencias entre la pelvis masculina y femenina a partir de los 15 años.

Los criterios más significativos en los que debemos fijarnos son los siguientes:

 

  • Aspecto general (en el varón es más maciza y rugosa y predominan las dimensiones verticales sobre las horizontales)

  • Forma de la sínfisis púbica (cuadrangular en mujeres y ovalada en varones)

  • Altura de la sínfisis púbica (>50 mm en varón y <45mm en mujer)

  • Ángulo subpúbico (estrecho en el varón y abierto en la mujer)

  • Rama isquiopubiana

  • Agujero obturador

  • Escotadura ciática Mayor (estrecha en el varón y ancha en la mujer)

  • Surco preauricular (presente en la mujer)

  • Unión sacroiliaca (más grande en el varón)

  • Sacro (largo y estrecho en el varón y corto y ancho en la mujer)

 

Además de lo anterior, podemos servirnos de los huesos largos para definir el sexo mediante la observación de los mismos, pues los huesos de un individuo masculino son por lo general mucho más gruesos y pesados que los de una mujer, además de poseer unas inserciones musculares mucho más pronunciadas a diferencia de las femeninas que están mucho menos acentuadas.

 

Estimación de la edad.

Para poder determinar la edad del individuo debemos basarnos en distintos parámetros en función de si este es un adolescente, un adulto o un anciano. En el caso de los adolescentes resulta especialmente significativa la placa metafisaria de los huesos largos, la cual es perfectamente apreciable en individuos de edades comprendidas entre 14 y 20 años pues en esos casos el cartílago aún existe y por lo tanto no se ha producido la unión. En todos aquellos casos en los que esto no es posible se recurre a la dentadura, prestando especial atención a la erupción de la dentadura definitiva.

Cuando se trata de individuos adultos y debido a la imposibilidad de emplear como elemento de referencia la placa de crecimiento, puesto que los huesos ya están soldados, los criterios de análisis se ven modificados, siendo especialmente empleados los siguientes:

  • los cambios que tienen lugar en la sínfisis pubiana con la edad,

  • el estudio de la superficie auricular del ilion

  • la extremidad esternal de las costillas

  • las lesiones degenerativas articulares

  • la sinostosis de las suturas craneales

  • la abrasión dentaria

 

Durante el trabajo en el laboratorio también se deben tener en cuenta posibles alteraciones anatómicas como por ejemplo la presencia de un orificio en el esternón en el 1% de los casos, así como también la frecuencia de aparición de costillas bífidas.

 

  • Lesiones traumáticas.

En cualquier excavación es muy posible localizar numerosas muestras de violencia en los individuos hallados, sin embargo es evidente pensar que en las fosas comunes encontradas la probabilidad de descubrir muestras de tortura y de violencia se ve notablemente incrementada por haber ocurrido en una época de marcado carácter bélico. Debemos tener en cuenta que la mayoría de las personas que fueron asesinadas por aquella época murieron a causa del famoso “tiro de gracia “ en el que los verdugos disparaban en la nuca de las víctimas, de ahí que sea bastante normal encontrar huesos del cráneo totalmente fragmentados bien en la bóveda, bien en la base del mismo. Por otro lado y como es bien sabido, muchas veces “el tiro de gracia” iba precedido de una brutal paliza protagonizada por los militares que se encargarían de llevar a cabo la masacre, por lo que es también frecuente hallar traumatismos en los cráneos, realizados por un objeto contundente como por ejemplo la culata de una pistola.

Una vez que el análisis de los restos óseos ha concluido y todo ello se ha complementado con un documento fotográfico, los restos son entregados a los familiares para que estos puedan enterrar en el lugar que ellos deseen a sus seres queridos y poner de este modo fin a su eterna agonía.

Modificado por última vez en Miércoles, 19 Septiembre 2012 15:41