Entre los profesionales del tiro policial se escribe y se debate mucho sobre las heridas provocadas por las armas de fuego. El fin de los disparos policiales es, casi siempre, provocar la incapacitación de una persona de la forma más inmediata posible. No es fácil. Existen muchas teorías al respecto. Algunos consideran que el calibre del arma es lo más importante. Otros creen que el tipo de proyectil, su peso y velocidad son los únicos factores que se deben tener presentes a la hora de provocar, con uno o pocos impactos, heridas que lleven a un adversario al “fuera de combate rápido”. Por cierto, desde el punto de vista policial lo que siempre se pretende es parar o detener una agresión hostil grave. Nunca se pretende acabar con una vida, si bien esto último nunca será controlado por el sujeto activo del disparo.