Del cyberbullying al suicidio

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Hoy voy a olvidarme de nuestros gobernantes y exgobernantes para analizar un gravísimo problema que sufren los adolescentes. El cyberbullying, la modalidad más avanzada del bullying o acoso escolar que padecen muchos menores en edad escolar. La conducta consiste en dañar psicológicamente a un menor, con acciones ofensivas de carácter físico o verbal y con una permanencia duradera en el tiempo. Si tenemos en cuenta la edad de la víctima (12-16 años), este fenómeno es extremadamente peligroso para la formación del menor, de su personalidad e identidad. La conducta más extrema llevará al suicidio de la víctima. A los agresores no podemos dejarlos olvidados, pues su estudio y tratamiento es fundamental para corregir futuras conductas delictivas.

El cyberbullying consiste en ese hostigamiento de la víctima pero con actos realizados a través de las nuevas tecnologías: Facebook, Tuenti, Twiter, teléfonos móviles, emails, etc. Y créanme, cuando por ejemplo se difunde una imagen comprometida de un menor por Internet es francamente muy complicada la tarea de erradicar por completo la huella que deja esa vejación, sobretodo si se difunde por las redes a las que tenga acceso cualquier persona.

Me ha llamado profundamente la atención el caso de una chica canadiense, Amanda Todd, que con tan solo 15 años de edad se suicidó el pasado 10 de octubre, víctima de tres años de cyberbullying, atormentada por las vejaciones que venía sufriendo por parte de sus compañeros y el acoso y chantaje de un anónimo por Internet que la amenazaba con publicar fotos comprometidas de Amanda si no accedía a sus perversas pretensiones. Esta chica, sumida en una depresión, publicó en Youtube, un mes antes del suicidio, un vídeo donde explicaba las tristes razones que la llevarían un mes después a tomar esta decisión de quitarse la vida para dejar de sufrir. El vídeo sigue en la red de vídeos bajo el título ‘My story: Struggling, bullying, suicide, self harm’ (Mi historia: lucha, acoso, suicidio, daño)  en el que Amanda no habla sino que muestra un pase de cuartillas con breves textos dando las explicaciones de su soledad. Son 9 minutos de vídeo que deben hacernos reflexionar.

Hay dos instancias de control social informal que son esenciales en la detección de este fenómeno: los centros educativos y la familia. Detectarlo, afrontarlo y erradicarlo son los tres retos de estas instancias. Hay que ser consciente de que es un trabajo difícil, porque el acoso a través de las plataformas digitales se aprovecha del anonimato del acosador, que de forma inmediata puede distribuir contenido vejatorio que llegará a un número indeterminado de usuarios, que también podrán optar por difundirlo (efecto cadena de la ofensa). En este sentido, el centro escolar puede esforzarse por detectar tanto a víctimas como agresores, mediante la observación, la entrevista y la educación en valores que pongan de manifiesto la gravedad de estas conductas para la vida e integridad de las personas que la sufren. Haciendo ver a los alumnos la repugnante acción que realizan los cyberacosadores. En el plano familiar, los padres pueden contribuir a la formación de sus hijos, enseñándoles el problema de frente, para que si alguna vez creen que están ante una situación similar lo comuniquen y no realicen actos que puedan comprometer su personalidad. En definitiva abogo por formar a los menores en valores que harán más difícil que el acosador consiga su propósito.

Modificado por última vez en Lunes, 22 Octubre 2012 10:01
Juan Antonio Carreras Espallardo

Policía Local, criminólogo y periodista.

http://www.carris.es/cv/

 

Representante en España de la Academia Mexicana de Investigadores Forenses 

 

Asesor de Seguridad y Tráfico del diario La Opinión de Murcia 

 

Webmaster del área de servicios de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España 'FAPE'

 

Administrador de Criminología y criminalística.

www.carris.es