Hace tres fines de semana se armaba en nuestro país una polémica televisiva a causa de una desafortunada entrevista. No soy yo dada a publicar en este blog comentarios de opinión sobre el tema al que lo dedico, puesto que doy por hecho que en cuestiones sobre criminalidad la mayoría queremos lo mismo: vivir en una sociedad tranquila libre de delincuencia.

El 10 de marzo de 2005, el Juez de Instrucción nº 5 de Marbella, Santiago Torres, dirigió una espectacular operaciòn en la que participaron alrededor de cien agentes de policía irrumpiendo en el despacho de Abogados FDV de Marbella y durante doce horas registraron el bufete y se incautaron documentación, ordenadores, discos duros y otros materiales para cuyo traslado necesitaron dos furgonetas. Los registros se extendieron a domicilios y oficinas de San Pedro de Alcántara, Estepona, Mijas, Almería y Sotogrande. En la operación participaron también agentes especializados en delitos económicos y Grupos de Operaciones Especiales (GOES).

 
¿Cuál fue el primer crimen mediático?La muerte del pequeño Francis Savile Kent marcó un punto de inflexión en la historia del crimen tanto por el papel que desempeñaron los medios de comunicación –divulgando las investigaciones y prejuzgando a cada uno de los sospechosos y a los métodos que empleaba la policía– como por el trabajo realizado por el inspector Jonathan Whicher, responsable del caso y precursor de una forma de ser que marcaría para siempre a la profesión de detective.

Me gustaría compartir con vosotros la pregunta que me hago habitualmente: ¿realmente somos tan punitivos como parecemos?

En un principio se podría decir que si, efectivamente si miramos a nuestro alrededor sería posible asegurar e incluso afirmar que si pudieramos nuestra ley sería la del talión.

Sin embargo, hay que tener en cuenta una serie de factores, y es que cuando se sufre un delito, automaticamente uno se convierte en víctima y desde ese momento se empieza a pensar como le gustaría a uno que se recordara lo sucedido y lo que sucederá.

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