La muerte vive en las cárceles latinoamericanas

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“El grado de civilización de una sociedad se mide por el trato a sus presos”

Dostoievski

 

El domingo 18 de agosto, tras un supuesto enfrentamiento entre bandas de la cárcel Yare I en Venezuela, mueren más de 20 internos, entre ellos un familiar.  Múltiples acontecimientos violentos han sucedido en las cárceles de este país en lo que va del año; en junio  en la cárcel “Rodeo II” un motín duró 27 días; en julio, en la cárcel de Mérida tras un mes de conflicto mueren 20 personas. Según el Observatorio Venezolano de Prisiones, tan sólo en el primer semestre de 2012, han muerto 304 presos y ha habido 527 heridos.

Sin duda, Venezuela es uno de los países que presenta más enfrentamientos violentos dentro de las cárceles, pero desgraciadamente no es el único de América Latina; únicamente durante el 2012, en la cárcel de Comayagua en Honduras murieron 360 personas por un incendio; en el centro penitenciario del municipio de Altamira en Tamaulipas, México murieron 31 presos y otros 13 sufrieron heridas en una pelea entre diversos grupos y, al menos 44 presos perdieron la vida en la prisión de Apodaca, en Nuevo León, México, entre otros.

Dentro de las causas de dichos eventos violentos, las autoridades siempre hacen referencia a enfrentamientos entre bandas rivales, motines, intentos de fuga y peleas entre los internos.

Recordemos que la pena privativa de libertad, como su nombre lo dice, restringe únicamente la libertad física de deambular libremente, sin embargo la totalidad de los demás derechos humanos deben ser garantizados por el Estado. Lo anterior está establecido en el artículo 5 de los Principios Básicos para el Tratamiento de los Reclusos el cual dicta que: “Con excepción de las limitaciones que sean evidentemente necesarias por el hecho del encarcelamiento, todos los reclusos seguirán gozando de los derechos humanos y las libertades fundamentales consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos…”

Es por esto que, independientemente de los factores que originan los enfrentamientos; es decir si suceden como consecuencia de riñas entre presos o de sublevaciones contra la autoridad, las autoridades penitenciarias tienen la obligación de velar por el derecho a la vida y a la seguridad de todos los internos, tal y como lo establece el artículo 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Como bien lo dijo Dovstoievki, el grado de civilización de una sociedad se mide por el trato que les da a sus presos; ¿qué sucede entonces en las ciudades de América Latina en el que éste es indigno e inhumano?, ciudades en las que en sus cárceles se golpea, encierra, maltrata; cárceles en las que la muerte es más factible que la propia vida; cárceles en las que no sólo se encuentran desprotegidos los internos, sino también sus familiares, quienes por ir a visitar a su padre, madre, tío, esposo terminan muertos.  ¿Seremos ciudades cada vez más incivilizadas?

Considero que la sociedad  evolucionará y mejorará cuando la vida de las personas tenga el mismo valor, independientemente de su situación jurídica; cuando la muerte de un preso de tercer mundo provoque la misma indignación que la muerte de un ciudadano estadounidense durante la premier de Batman.

Modificado por última vez en Jueves, 13 Septiembre 2012 21:28
Mercedes Llamas Palomar

Nací y viví durante 28 años en México D.F y hoy me encuentro en España haciendo mi investigación doctoral. 

Apasionada en temas penitenciarios, políticas criminológicas y desviación social, derechos humanos, grupos vulnerables,...

Preparación académica: 

  • Doctoranda en Gobierno y Administración Pública, Instituto Universitario Ortega y Gasset, Universidad Complutense de Madrid 
  • Maestra en Criminología y Política Criminal, Insituto Nacional de Ciencias Penales
  • Licenciada en Educación Especial en Infracción e Inadaptación Social 

Trabajé en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos como visitadora adjunta y tuve la oportunidad de conocer la realidad penitenciaria de México. En mi nueva aventura tengo el interés de conocer realidades penitenciarias de España y otros países. 

He impartido clases de Política Criminal, Sistema Penitenciario y Derechos Humanos en el INACIPE.