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Desinformar: un buen negocio

El reciente anuncio del Brexit es, contra todo pronóstico, el resultado de haber mezclado en una caldera tres ingredientes esenciales:

  • El sentimiento de alienación de una Unión Europea demasiado burocratizada, y cuyas estructuras principales parecen tener más poder que cada uno de los estados miembros. A este respecto, Margaret Tatcher ya había hecho público su euroescepticismo en base a la supuesta pérdida de soberanía que países como Reino Unido sufrían en favor de una mayor unificación de la Unión (planes para hacer una moneda única, regulaciones fiscales más amplias…).
  • Las circunstancias políticas y sociales vinculadas al fenómeno migratorio. Desde su fundación, la Unión Europea siempre tuvo espacio para gestionar los flujos migratorios tanto regulares como irregulares. Los atentados de París y Bruselas han disparado las demandas de endurecimiento de los controles en el espacio Schengen.
  • La crisis económica ha comportado una crisis social con precedentes no muy viejos;el súbito empobrecimiento de la clase media y el aumento de la brecha salarial ha polarizado a la población europea, afectando muy especialmente a las clases trabajadoras y a las generaciones que, habiendo hecho sus deberes según lo que se les pedía –estudiar para tener un futuro mejor–, se encuentran con que el discurso clásico no tiene validez.

En un escenario como éste, la población más desfavorecida se vuelve receptiva hacia nuevos “viejos” discursos prefabricados con el objeto de generar alarma social.

El discurso del miedo sirve para obtener réditos políticos aprovechando coyunturas de incertidumbre, además de ir aparejada a las políticas punitivas con muy poca base científica pero con mucho populismo. Pero esta estrategia puede tener consecuencias criminalmente relevantes.

Hoy en día gozamos de más información que en ningún otro momento de la historia. Tenemos a nuestra disposición ingentes bases de datos, y existen multitud de organizaciones encargadas de hacer públicos datos protegidos u opacos. Hace unos días, el líder del partido antieuropeísta Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), Nigel Farage, tuvo la osadía de mentir durante la campaña a favor del Brexit en un tema particularmente importante para las personas de mediana edad y mayores (casi un treinta por ciento de población mayor de 55 años) como es el Servicio Nacional de Salud; después de afirmar que gracias a la salida de la Unión Europea, Reino Unido dispondría de trescientos cincuenta millones de libras semanales (de ahorro) para gastar en el Servicio Nacional de Salud. Durante la consulta del veinticuatro de Junio, Farage se desdijo de lo que a todas luces había sido un temerario brindis al sol publicitado en todas partes.

¿Tuvo efecto la audacia del señor Farage? Las probabilidades de que así sea son muy altas, tan altas como las probabilidades de que su discurso sobre el peligro del incremento de la inmigración en el país.

Los datos de la Oficina Nacional de Estadística británica indican un repunte de la inmigración a largo plazo (que se queda en el país) por razones laborales a partir del año dos mil trece.

Junto a este incremento hay que añadir la inmigración irregular. Atendiendo estos datos, el mayor número de inmigrantes llegados al Reino Unido contribuyen fiscalmente al desarrollo del país constituyendo fuerza de trabajo.  Pero Farage galvanizó otra realidad: La percepción de la población de que hay demasiados inmigrantes en el Reino Unido:

Si los datos que arroja el Dr. Blinder, investigador del Observatorio sobre la Inmigración en la Universidad de Oxford son tenidos en cuenta, el Reino Unido siempre ha sentido preocupación por los flujos migratorios, pero esa percepción ha disminuido con el paso de los años, y no parece que el repunte migratorio de dos mil trece hubiera alterado ese descenso. Sin embargo, una mera campaña de alarma social ha conseguido convencer a parte de la población británica de que hay un problema grave con la inmigración. Las consecuencias han sido criminógenas; los incidentes xenófobos tras el Brexit se han multiplicado a lo largo del Reino Unido.

¿Es criminalmente relevante un uso tan irresponsable del discurso político? De tratarse de algo sucedido en España, uno podría invocar el artículo 510 y 510bis del Código Penal en base a que la campaña orquestada por UKIP posee elementos suficientes como para entender que hay un favorecimiento del clima de violencia y odio hacia los refugiados y, por ende, hacia los inmigrantes en general. Los elementos del delito de incitación al odio va aparejado a la publicidad del hecho, y al descrédito manifiesto de una o más personas.

Reuters

 

¿Por qué nos creemos las mentiras?

El márquetin funciona como los conjuros de Harry Potter. Las palabras mágicas bien pronunciadas y entonadas pueden obrar milagros de todo tipo. El miedo vende, e Internet es el vendedor por excelencia.

A menudo, los medios de comunicación lanzan titulares que se desmienten días después, pero, aunque se descubran como falsas, la información fraudulenta queda grabada en la mente del que la consume; es decir, que los efectos de la información falsa son de mantenimiento. La razón es que tendemos a dar crédito a las informaciones que apoyen nuestros puntos de  o que provengan de fuentes de información compartidas por personas afines a nuestra visión del mundo (Ecker, Lewandosky, Fenton & Martin, 2013). Atendiendo a esto, no nos importa tanto que alguien se retracte de una noticia falsa, sino que la persona que lo haga siga siendo “de los nuestros”.

La prevalencia de la desinformación

Ecker et al. (2013) realizaron dos experimentos con noticias falsas sobre aborígenes australianos que después eran desmentidas. En una, la noticia presentaba un delito cometido por aborígenes australianos; en la otra, se explicaba un acto de heroicidad llevado a cabo por otra persona aborigen. Los resultados indicaron entre los participantes un aumento de los prejuicios –positivos o negativos– según la noticia que leían. En cuanto se les informaba de que las noticias presentadas eran erróneas, el grado de prejuicio que aquellas noticias provocaron disminuyó, pero no desaparecieron a pesar de conocer la falsedad de la información mostrada.

Similares fueron las consecuencias que tuvieron las declaraciones del líder de UKIP sobre el dineral que el Reino Unido ahorraría abandonando la Unión Europea. El apoyo al Brexit sufrió importantes bajas durante la resaca post-referendo, pero la debacle no fue excesiva. A pesar de haber hecho un uso tan irresponsable de la información, una buena porción de la población mantuvo su apoyo no ya a la opción de marcharse, sino al hombre que había mentido abiertamente a su electorado.

Las conclusiones a evaluar son inquietantes: en un momento en el que uno puede decir y desdecir sin miedo a perder credibilidad, no son razones económicas las que mantienen a un hombre como el señor Farage en pie, sino otras en auge por toda Europa; el miedo al diferente parece, una vez más, vender muy bien.

 

Bibliografía

Ons.gov.uk. (2016). Migration Statistics Quarterly Report- Office for National Statistics. [online] Available at:

http://www.ons.gov.uk/peoplepopulationandcommunity/populationandmigration/internationalmigration/bulletins/migrationstatisticsquarterlyreport/may2016 [Accessed 25 Jun. 2016].

Blinder, Scott. “UK Public Opinion toward Immigration: Overall Attitudes and Level of Concern.” Migration Observatory Briefing, COMPAS, University of Oxford, August 2015.

Ecker, U. K. H., Lewandowsky, S., Fenton, O., & Martin, K. (2014). Do people keep believing because they want to? preexisting attitudes and the continued influence of misinformation. Memory & Cognition, 42(2), 292.

Southwell, B. G., & Thorson, E. A. (2015). The prevalence, consequence, and remedy of misinformation in mass media systems. Journal of Communication, 65(4), 589-595. doi:10.1111/jcom.12168

 

Imágenes

Imagen 1: Migration Statistics Quarterly Report- Office for National Statistics

Imagen 2: Blinder, Scott. “UK Public Opinion toward Immigration: Overall Attitudes and Level of Concern.” Migration Observatory Briefing, COMPAS, University of Oxford, August 2015.

Imagen 3: Reuters

Modificado por última vez en Jueves, 30 Junio 2016 09:36
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