No es extraño escuchar a tu vecino del cuarto, al panadero o los abuelos que se paran horas a mirar las obras del barrio, decir frases como “éste país está lleno de chorizos, las cárceles están más llenas cada día”. Tampoco es algo fuera de lo común que el político populista de turno afirme con rotundidad sentencias como “la delincuencia sigue aumentando, nuestras prisiones se quedan sin espacio”, seguidas por conclusiones precipitadas merecedoras de collejón: “hay que construir nuevos centros penitenciarios”. La primera situación podría ser definida como un problema de falta de información; la segunda como un problema de desinterés interesado con fines populacheros. No quiero ser catastrofista, pero volvemos a estar delante del mismo problema de siempre: la población vuelve a perder y el político vuelve a ganar. El político generará miedo en la población, dirá que hay un grave problema de delincuencia en las calles y será tan osado de decir que él tiene la solución para erradicarlo, aumentar las penas e inventar nuevos delitos. ¿Esto beneficiará al vecino del cuarto, al panadero o a los abuelos? No. La delincuencia no disminuirá, pero la población penitenciaria sí aumentará.