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¿Y los criminólogos, lo tenemos claro?

Navegar sin rumbo por el enorme (y en ocasiones peligroso) océano de Internet, puede llevarnos a encontrar monstruos de las profundidades. Seres que siempre has sabido que existían, y que incluso son adorados por algunas culturas, pero que cuando te los encuentras de frente se te estremece el cuerpo entero. Algunos dirán que es miedo a lo desconocido, que puede ser una magnífica criatura si la domesticamos a través de esas maravillosas técnicas del condicionamiento operante, que con un poco de amor puede llegar a ser tan servicial como un perro labrador después de 3 meses de instrucción en la Unidad canina de los Mossos d’Esquadra. Pero tratar con monstruos de las profundidades tiene un riesgo, te pueden comer. Como me decía mi padre cuando era bien niño, “quien juega con fuego, se acaba quemando”.

Os estaréis preguntando de qué cojones habla este chaval ahora, pensaréis que se me ha ido la olla o algo así; paciencia.

Si un monstruo de las profundidades es peligroso de por sí, su nivel de amenaza real se multiplica mínimo por ocho (perdón a los para-biólocos que salen en Cuarto Milenio por inventarme esta cifra) cuando la criatura se disfraza de ser adorable. Si vas nadando y ves a una ballena roja que escupe fuego por las orejas, tiene 21 ojos (el uno no es casual) y los labios de Carmen de Mairena, corres, corres como si no hubiera mañana. Pero si la criatura que se te acerca es una sirena, con pechos despampanantes y rubia melena, con ojos agua-marina y orejas sensualmente puntiagudas, igual te lo piensas antes de correr. La mitología clásica nos dice que la sirena puede llegar a ser tan o más peligrosa que la ballena roja (procedente de la mitología builina, de mi patilla). Los marineros lo tenían claro, ver una sirena era sinónimo de mal fario, de peligro, de naufragio. Ahí va la pregunta mamporrera, ¿y nosotros, los criminólogos, lo tenemos claro? ¿Somos capaces de diferenciar a una sirena jode-viajes navales sólo verla?

Ahora redirigiré mi explicación para aquellos más impacientes, que si fuera por mi me quedaba hablando de bichos chungos hasta mañana.

El otro día, mientras navegaba por Internet, encontré un artículo que en un principio me asustó, y cuando le leí ya me cagué “laspatasabajo”. Se trataba de un escrito cuyo nombre era “Así es el Perfil Criminológico de la Extrema Izquierda española”, el título ya te pone en alerta, ¿verdad? En él, el autor (de nombre desconocido) elabora una especie de perfil intereconominístico de la extrema izquierda de España. Como habréis notado, este artículo no sólo me sorprendió, sino que me enervó, hasta el punto que decidí llevar la denuncia a las redes sociales, y compartir con el colectivo de criminólogos mi frustración por este hecho. En Facebook encontré rápidamente el apoyo que mi resquebrajado aliento necesitaba, 11 likes (entre los que habían seis estudiantes de Criminología de cuatro universidades españolas y una estadounidense, cuatro titulados en Criminología (uno de ellos profesor de universidad) y un estudiante de otra disciplina) y comentarios de 6 personas (estudiantes de Criminología de tres universidades diferentes y un miembro de la administración de Justicia) de los cuales sólo uno de los comentarios se mostraba partidario al escrito, afirmando que la extrema izquierda se trata de un grupo que puede ser peligroso, y que interesa a la Criminología de igual manera que lo hacen las bandas latinas. Fuera como fuere, mi objetivo de notar que no era el único al que asustaban este tipo de artículos había sido satisfecho, estaba más tranquilo y sosegado.

Ahora sí, con el aliento pleno y el alma resurgida de las cenizas, viendo que la Criminología parecía estar igualmente preocupada por dicho artículo, me dispuse a realizar la misma crítica en Twitter. Mi reacción fue de absoluta sorpresa cuando minutos después de haber realizado la publicación, tres buenos colegas criminólogos (y además de reconocido nivel) se habían posicionado públicamente a favor de este tipo de escritos. Algo no había salido como esperaba, algo que yo veía como muy evidente no lo era tanto. La Criminología en su conjunto no se posicionaba en contra de “Así es el Perfil Criminológico de la Extrema Izquierda española”, vaya hachazo me llevé. ¿Sabes ese momento en el que te miras en el espejo y aceptas por primera vez que eres feo? Pues algo parecido.

Quería hacer algo, ¿pero qué? En ese momento tenía tres grandes limitaciones: 140 caracteres, conocimientos limitados y el alma ardiendo para volver de nuevo a forma de ceniza. Twitter no permite dar grandes explicaciones, ni siquiera pequeñas, por lo que el debate se sintetiza tanto que acaba siendo “dbt”. Por otro lado, yo soy todavía estudiante, y aunque intento leer autores día sí y día también, mi edad y mi capacidad cognoscitiva está evidentemente limitada. No podía hablar de autores, pues ellos los conocerían mucho mejor que yo, sólo tenía argumentos morales (posiblemente basados en ideales característicos de mi temprana edad)… y los sigo teniendo. El objetivo de este texto, pues, es poder explicar en más de 140 caracteres por qué considero que la Criminología no debe de encargarse de analizar, y aún menos realizar perfilaciones, de ideologías políticas legales y sin relación directa con la delincuencia ni la conducta antisocial.

Antes de nada, no obstante, me gustaría listar cuando consideraría justificado dicho análisis: “Perfil criminológico de los simpatizantes de la extrema izquierda vinculados a grupos violentos”, SÍ; “Perfil criminológico de los detenidos en una manifestación de la extrema izquierda”, SÍ; “Perfil criminológico de los miembros de un grupo juvenil de extrema izquierda”, SÍ (aunque no haya conducta antisocial por parte de los chicos, el estudio puede tener finalidad preventiva); “Perfil criminológico de la extrema izquierda española”, NO.

¿Por qué no?

  • Extrema Izquierda es el término utilizado en política para describir todos los movimientos que se mueven alrededor de la izquierda radical. He utilizado el término “todos” a propósito, pues en la extrema izquierda hay desde grupos de jóvenes anarquistas hasta miembros del colectivo “iaioflautas” con más de 80 años, pasando por profesores de universidad, maquinistas de tren y programadores informáticos. La extrema izquierda no tiene absolutamente nada que ver con el objeto de estudio de la Criminología, es una forma filosófico-político-económica de entender la realidad social. Determinados grupos (muy determinados) canalizarán parte de los ideales de la extrema izquierda en actos de violencia o provocando sensación de desorden en la ciudadanía, igual que lo harán (y de hecho lo hacen) determinados grupos de la extrema derecha, derecha moderada, centro e izquierda moderada. ¿Ello nos debe llevar a realizar un “perfil criminológico del centro-derecha español”? Evidentemente que no, porque la ideología que envuelve el centro-derecha tiene la misma relación con el objeto de estudio de la Criminología que el Chupa-chups que me estoy comiendo ahora mismo, y no es una relación nula en absoluto, pues el dueño de la fábrica donde se fabrica mi piruleta puede estar realizando delitos contra la Hacienda pública en este mismo momento, pero ello no significa que debamos analizar mi Chupa-chups, sino al dueño de la fábrica donde se produce la chuchería.

Y entonces habrá quién dirá, claro, es que yo sí que veo que miembros de la extrema izquierda cometan delitos, pero no personas con ideología política de centro. A lo que yo respondo: el objeto de estudio de la Criminología no es sólo el delito, también es la sensación de inseguridad, entre otros, ¿y no es cierto que algunas políticas favorecidas por el centro generan inseguridad ciudadana? Luego, ¿debemos también realizar un “perfil criminológico del centro español”? (no me refiero a centro geográfico, toque de humor)

  • Este tipo de estudios tiene efecto estigmatizante, o puede tenerlo, esta última aclaración está perfectamente colocada ahí, para evitar que alguien me venga pidiendo base empírica (que como estudiante todavía no puedo obtener). Por la misma razón por la que los teóricos de la Labelling Approach decían que etiquetar socialmente a alguien como delincuente/antisocial por razón de grupo étnico, grupo social o género podía generar que esta persona interiorizara su rol de delincuente/antisocial y acabara envuelto en el mundillo de lo parcialmente legal/ilegal; yo digo que realizar un “perfil criminológico de la extrema izquierda española” puede tener un efecto estigmatizante en las personas con dicha ideología o ideologías, sin que previamente exista relación alguna entre el pensar así y el actuar asá.
  • Dichos análisis pueden ser utilizados por grupos políticos (y ahora sí que hablo de grupos) para deslegitimar a todos los movimientos de extrema izquierda (y vuelvo a remarcar la palabra “todos”). Poniéndonos dramáticos, diré que incluso ciertos grupos políticos pueden llegar a utilizar dichos análisis para criminalizar movimientos sociales de la extrema izquierda, legitimando su actuación en que “la Criminología realiza perfiles criminológicos de esa gente, pues por algo será”. Vamos, pensad que esto es demagogia… precisamente hoy una compañera, miembro de un grupo político con bastante ppopularidad, me ha dicho esta misma frase, textualmente, yo tan sólo la he reproducido.

Como expertos de la Criminología, tenéis (yo no, que aún soy estudiante) un plus de credibilidad al transmitir vuestro mensaje a la población, el ejercicio de la libertad de expresión, en este caso, debe de ser llevada a cabo con mayor cautela, ya que ésta puede tener más facilidad para calar en la conciencia colectiva, y por ello es necesario analizar siempre las posibles consecuencias sociales negativas que los enunciados pueden tener.

Para acabar, debo decir, para suavizar a más de uno que ahora mismo estará pensando en poco menos que matarme a palos, que el artículo que he utilizado como diana de mi frustración acumulada solamente presenta un fallo extremadamente grave, que invalida desde mi punto de vista el resto del escrito (el resto de los posibles errores del artículo los dejo en manos de los perfiladores criminales). El fallo al que me refiero es nada más y nada menos que el título, pues en realidad no se trata de un “perfil criminológico de la extrema izquierda española”; diré más, si nos ponemos quisquillosos se trata de un "perfil criminológico de los detenidos miembros de unos determinados sectores de la extrema izquierda española".

Tomáoslo como queráis, no sé si el objetivo de este escrito es la prevención general de futuros artículos como el presentado, tocar los cojones (si este fuere mi objetivo pido disculpas a mi yo del futuro: me provocan las hormonas) o simplemente hacer pensar. Seguramente me equivoque, por esto pido explícitamente una réplica de los criminólogos que en este tema concreto son mis archi-críticos, pero que con una Coca-cola (o una cerveza) en mano, son mis archi-compañeros, y por muchos años.

¡Qué agusto me quedao!

Modificado por última vez en Martes, 08 Abril 2014 08:49
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