¿Puede casarse una viuda con el asesino de su difunto marido? A pesar de lo que pueda sugerir esta dramática situación, digna de los padres del atormentado personaje de Hamlet, no nos encontramos ante un delito contra las relaciones familiares –que se tipifican en los Arts. 217 a 219 del Código Penal de 1995 (en el capítulo I, De los matrimonios ilegales)– sino ante un impedimento regulado en el Derecho Canónico que, al mismo tiempo, aún tiene consecuencias en el orden civil.

Alfred Hitchcock dirigió La soga [Rope] en 1948. La película –protagonizada por los actores James Stewart, John Dall y Farley Granger– narra, en una sucesión de planos secuencia que llegaron a ser muy célebres en aquella época, cómo dos destacados estudiantes universitarios celebran en su casa una fiesta con su profesor y unos amigos, después de haber escondido el cadáver de un compañero de la Facultad al que habían estrangulado por el mero placer de demostrar su superioridad intelectual, lo que les capacitaba –en su opinión– para cometer el crimen perfecto. El guión de este largometraje se basó en una obra de teatro homónima que escribió el dramaturgo inglés Patrick Hamilton, en 1929, basándose en un hecho real que conmocionó Chicago (Illinois, EE.UU.) a mediados de aquella misma década: el caso de Leopold y Loeb.

Suele decirse que, en algunas ocasiones, la realidad supera a la ficción; un buen ejemplo de ello lo encontramos en la extraña muerte de sir Thomas Overbury, un poeta inglés de comienzos del siglo XVII, asesinado con un enema de cloruro de mercurio que lo envenenó mientras estaba preso en la Torre de Londres. La delirante historia comenzó cuando el joven escritor se licenció en Bellas Artes, en Óxford, y decidió continuar su formación en la capital estudiando Derecho; donde se granjeó una sólida reputación por su sabiduría. En 1601, durante unas vacaciones en Edimburgo, conoció al conde Robert Carr, un hábil político, mano derecha del rey Jacobo I; los dos jóvenes se hicieron inseparables y el noble contrató al poeta como secretario personal. Siete años más tarde, en 1608, el monarca lo nombró caballero, título que incrementó su influencia en la Corte de Wéstminster hasta que surgieron las intrigas palaciegas.

A tenor de la última película referente al legendario presidente de los Estados Unidos de América, Abraham Lincoln, resulta interesante desde el punto de vista criminológico revisar aquellos aspectos más relacionados con la muerte del presidente. Especialmente, aquellos aspectos que ponen en evidencia la suerte que tuvieron los conspiradores a la hora de perpetrar el crimen.

En un principio, la trama tenía por objetivo secuestrar al presidente de la Unión para intercambiarlo por prisioneros de guerra secesionistas. Sin embargo, la puesta en escena del secuestro fracasó debido a cambios en la agenda de Lincoln, que lo alejaron del escenario en el que los conspiradores habían planeado abordarle. Ello precipitó un alocado intento de asesinato que se saldaría con la muerte de la mayoría de los conspiradores y la del mismo presidente, muerto éste a manos del ahora infame John Wilkes Booth.

Primer índice de seguridad ciudadana de la  Universidad Camilo José Cela

Este año, después de meses de trabajo, el Departamento de Criminología de la Universidad Camilo José Cela,  a través del Proyecto de Investigación “Ángeles Custodios”,se honra en presentar el Primer índice de Seguridad Ciudadana con el que se quiere ayudar a empresas, personas, entidades, fuerzas políticas y ciudadanas  en general,  a la hora de determinar si España es más segura este año que el anterior, o  lo es menos, para que se tomen las decisiones pertinentes.

Según los indicadores, de una forma por primera vez científica e independiente, criminólogos profesionales analizan los datos de la criminalidad. Extraen consecuencias y proyectan sus indagaciones en cada uno de los apartados elegidos como futuros indicadores del índice queprecisa el establecimiento de  un AÑO CERO, que será  el presente, que a partir de ahora será el de referencia. También facilita la opinión de una serie de analistas contra la violencia de entre los líderes sociales.

  • El diario The Guardian ha informado del hecho
  • Sucedió el pasado mes de marzo
  • Las ONG piden que se investigue el caso
 
Las plusmarcas del crimen (II)En América encontramos tantos ejemplos de diversos récord relacionados con el mundo del crimen que hoy veremos tan sólo uno de ellos: el Metropolitan Correctional Center (MCC) de la imagen es, sin duda, una cárcel única en todo el mundo. Está situada en pleno centro de Chicago (Illinois, EE.UU.) -cuna de los primeros rascacielos- en el cruce de las calles Clark y Van Buren. Se construyó en 1975 según el diseño triangular de Harry Weese & Associates y, a diferencia de otras prisiones, no es un edificio de gran extensión y de escasa altura sino un estrecho rascacielos de 27 pisos: Los 9 primeros están reservados al personal que trabaja en el correccional y la 10ª es la sala de máquinas; los presos están encerrados en las celdas de los pisos 11º a 27º. El patio de la cárcel es la azotea, a 88 m. de altura. Como en los castillos medievales, los ventanucos de 12,70 cm son demasiado estrechos para que los internos puedan escapar o para que éstos puedan ser vistos desde el exterior.

 

 
Las plusmarcas del crimen (I)Cuando se habla de los famosos récord del libro Guinness parece que sólo pensamos en extravagancias –como lo de reunir a más de 44.000 personas en una granja a las afueras de Sídney, para celebrar la mayor barbacoa de la historia, donde se comieron 300.000 perritos calientes y se bebieron 481.000 barriles de cerveza– pero en el mundo del crimen también existen algunas plusmarcas curiosas.