El género olvidado de la delincuencia

Valora este artículo
(0 votos)

La evidente exclusión de la mujer de la esfera pública y las funciones sociales que le son asignadas ha dejado su huella por omisión en una lamentable ausencia de estudios que sirvan como referencia a un análisis histórico de su comportamiento criminal, quedando éste condicionado por una doble posición social, como mujer y como delincuente, una marginación específica dentro de otra genérica.

Y aunque delincuencia femenina ha habido desde los orígenes de la humanidad, debido a su escasa importancia numérica en relación al varón y al trato de que la mujer delincuente ha sido objeto, no se ha prestado hasta ahora atención histórica al modo de criminalidad femenina, quedando esta disfrazada bajo una anormalidad institucionalmente legitimada, y es que tan lejos quedaba el delito femenino de su consideración legal que era frecuente que en delitos cometidos por mujeres que no comportaban una notoria gravedad (homicidios) o evidente alteración pública (delitos contra la honestidad) la propia justicia dejaba frecuentemente en manos del marido, padre o hermano la ejecución del castigo y ella prefería cerrar los ojos.

Todo esto ha provocado un supuesto olvido en el estudio de la criminalidad femenina, tanto a nivel teórico como en la práctica de las investigaciones científicas dentro del campo de las ciencias penales.

Esta idea tiene su fundamento en que la criminalidad femenina es relativamente insignificante y no ha constituido realmente un claro problema social, vemos así como en la criminología tradicional el 100% del análisis está destinado al estudio de la criminología masculina y tan sólo en forma de paréntesis hacen referencia a la femenina. Los estudios de fines del siglo xix y principios del xx, se siguen caracterizando por la infravaloración de la cuantía y características de la delincuencia femenina, creyendo identificar los “crímenes femeninos y por excelencia” en la prostitución (que en realidad no constituye más que el 2% de la criminalidad femenina).

Considerar los actos femeninos insustanciales y su cuantía tan reducida ha provocado que el esfuerzo invertido en realizar una investigación de estas características pueda resultar excesivo, teniendo en cuenta los resultados que se pueden llegar a obtener, lo que hace que incluso en textos penales y penitenciarios más recientes la situación de la mujer presa no se contemple en las mismas condiciones que el hombre preso y aquellas investigaciones que pretenden ser generalistas de la situación penal continúan hablando de prisión en términos masculinos y a través de la visión y vivencia de los hombres.

A esto ha contribuido también el manejo y apoderamiento de los medios de difusión, comunicación e investigación por parte del mundo masculino lo que ha provocado una tendencia a no valorar nada de lo femenino, simplemente ignorándolo o falseandolo, reflejando una inseguridad inherente a una inadecuada estructura mental.

 

Y es que cuando se habla de delito y de prisión parece que sólo existen los hombres, como si la sociedad entera, por el rol que juegan las mujeres en ella, se negara a asumir que una mujer puede delinquir, y a pesar de que es cierto que es un mínimo el porcentaje de mujeres que están en prisión (alrededor del 6% del total de presos), no debemos caer en la desidia y el desinterés que se ha demostrado hasta ahora hacia ellas, ya que las mujeres sufren especificidades de género tanto en el mundo prisional y delincuencial como social.

 

Actualmente se aprecia una notoria importancia e interés en la investigación y estudio sobre la mujer y la mayoría tiene como objetivo primordial un conocimiento más exhaustivo y profundo de las desigualdades que todavía hoy padece la mujer, sin embargo este renovado interés no ha llegado a las prisiones porque la encarcelación femenina, minoritaria y desconocida, nunca ha despertado sino un interés moderado entre los investigadores y los profesionales, enmarcando su estudio en las investigaciones sobre los hombres encarcelados.

Pero esta práctica no es actual y las presas son olvidadas e indocumentadas por la historia, haciendo difícil seguir su pista en los textos penales y penitenciarios como si el muro de invisibilidad que siempre ha generado y siguen generando en torno suyo las prisiones, hubiera tenido su reflejo en el campo de los estudios académicos y sociales, confluyendo de esta manera dos grandes vectores de olvido en la historia: las prisiones y las mujeres.

Modificado por última vez en Viernes, 14 Septiembre 2012 13:54
Ruth Alvarado Sánchez

Doctora en Sociología, especializada en desviación social y género.

Especialista en Investigación Criminal.

Apasionada de la justicia y la igualdad.

Intentando continuar la estela de las grandes mujeres y excepcionales penalistas Doña Concepción Arenal y Doña Victoria Kent en la creencia de que el delincuente (y la delincuente) es una persona y por ello su comportamiento y sus necesidades deben ser estudiados, conocidos y de ser posible (en la medida de lo posible) dar una respuesta y solución.