El último eslabón en la cadena de teorías que tratan de explicar el comportamiento criminal femenino nos conduce hasta el supuesto evidente final de la conducta delictiva: el encarcelamiento de los delincuentes.

Todo encarcelamiento produce una serie de efectos en la persona que sufre este proceso y la mujer no va a librarse de ellos.

TEORÍA DEL CONTROL SOCIAL

Mientras que los enfoques hasta ahora vistos no se han cuestionado la participación política del Estado en la definición de la criminalidad, un actual y amplio sector de criminólogos han tratado de dar una nueva perspectiva centrando su interés en la problemática del control social ejercido por el Estado a través de sus distintas instancias formales.

Los enfoques funcionalistas se basan en la teoría del rol que defiende la importancia de la socialización diferencial entre hombres y mujeres a la hora de desempeñar sus roles respectivos y, por ende, de explicar su conducta, rechazando de esta manera el determinismo biológico-individual.

A mediados del siglo pasado las explicaciones sobre la delincuencia femenina dejaron atrás una resistente defensa de las teorías biológicas que se iba tiñendo tímidamente con pinceladas sociales para entrar de lleno en teorías marcadamente sociales; estas teorías aparecieron en los años setenta y fueron en parte el reflejo de la influencia de los presupuestos defendidos por el Movimiento de Liberación de la Mujer, así como de las organizaciones que se ocuparon de la defensa de los Derechos Humanos.