Se busca

Roberto Carro Fernández Mayo 07, 2011 4353
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Échale un vistazo a esta filiación griega fechada en Alejandría en el siglo II; concretamente, el 10 de junio del año 196:i

Un joven, esclavo de Aristógenes, hijo de Crisipo –el diputado de Alabanda– que lleva el nombre de Xermón, alias “Nelios” ha huido. Es un sirio de Bambyke, de unos dieciocho años de edad, de talla medina, sin barba; tiene las piernas rectas, el mentón con fositas, una verruga en forma de lenteja en la cara izquierda de la nariz, una cicatriz en la comisura derecha de la boca y está tatuado con caracteres bárbaros en la muñeca derecha. Lleva una bolsa conteniendo tres minas y diez dracmas de oro, un anillo de plata sobre el que está representado un vaso de perfumes, y una raqueta. Se halla vestido de una clámide y de un delantal de cuero, y va acompañado del esclavo Bión, rechoncho, ancho de espaldas, de ojos verdosos, y que se halla vestido de una túnica y de la pequeña capa de esclavo.

¿Sorprendente, verdad?

Son tantos detalles y tan descriptivos que cualquier fisonomista de la época podía haber hecho un cartel de esos que contienen una recompensa por su localización y, en la parte de arriba, coronando el típico perfil de rasgos faciales, el tan socorrido Se busca.

Pero no, no resultaba fácil entonces, ni lo es mucho más ahora. En mi opinión la tecnología de la identificación, a partir de los escasos e imprecisos datos que el denunciante o el testigo aporta sobre la descripción personal del autor, no ha mejorado lo suficiente como para darnos más o menos unos resultados aceptables sin ser nada definitivo.

Y el problema no es la falta de propuestas que se ocupen de ello, pues para eso se desarrollaron técnicas clásicas como Las Bandas de Leonardo, El Área de Penry, La Parrilla de Matheios, El Sistema Antropométrico de Bertillón… y todos aquellos ingenios que delimitando zonas del rostro, uniendo sus puntos, dimensionando huesos, señalando marcas particulares…, tratan de situarlo en un contexto que no es otro que el de la representación gráfica aproximada que parte de una descripción verbal y de una imagen recuperada desde el cajón de la memoria visual.

Estas enunciadas son el cimiento sobre el que se han construido y evolucionado los programas informáticos que desarrollan retratos robot, identi-kit, reconstrucciones tridimensionales… y otros similares cuya actualidad responde al latir tecnológico. Más o menos, todos parten de la necesidad –casi imposible de tener que contar con unas extensas colecciones de formas y rasgos que cubran todas las variedades naturales. Si a esto le añadimos que, a menudo, los datos facilitados por los testigos son contradictorios y, en general, deficientes; resulta que la técnica, como tal, es insuficiente para el propósito identificativo global que se persigue en el día a día de la labor policial. Con lo que tendrán que ser otras técnicas las que tengan que cubrir este déficit.

Por otro lado, qué duda cabe de que, cada día más, la identificación certera de individuos mediante su apariencia física apreciada en fotografías y fotogramas, tiene una gran trascendencia a nivel policial. Lo que no podemos obviar, también, es que esta está sujeta a una serie de limitaciones y dificultades que no debieran pasar desapercibidas.

Por ejemplo: no existen estudios científicos de frecuencias de los distintos rasgos fisonómicos; la metodología no está testada y, consecuencia de ello, no podemos ofrecer los resultados conforme a un patrón de probabilidades; tampoco hay posibilidad de aplicar sistemas automáticos de reconocimiento facial por su falta de fiabilidad. A esto hay que añadir la deficiente calidad de algunas imágenes con las que se trabaja. Así pues, el perito que se enfrente a su resolución ha de poseer unos conocimientos y experiencia adecuada. La captura de la imagen dubitada es una baza importante a tener en cuenta pues, si la cámara de video-vigilancia es de escasa calidad o su instalación es incorrecta, ya tenemos un problema de partida difícil de solventar. Entonces, la calidad ha de ser aceptable para poder comparar la imagen; problema, en la mayoría de los casos, con las que tiene en su haber el cuerpo policial que investiga, que no suele ser otra que la de reseña. Si a esta escasa calidad de captación le sumamos pérdidas en el proceso de escaneado de imágenes previamente imprimidas; pérdidas de calidad debido al formato de archivo donde las guardemos (el formato jpg degrada la imagen en función del número de veces que abramos y cerremos el archivo); efecto barril; ángulo de captura de la imagen; distancia objetivo-persona… resulta que las mejoras de la imagen que podemos hacer de cara a la identificación, son limitadas. Y cuidado porque, si a una resolución dada, de una mínima unidad de información (pixel) la queremos convertir en dos para que la veamos mejor, lo que estamos haciendo es añadir información gratuita que, claramente, deforma la realidad; no obstante, la abnegación en el trabajo diario da en ocasiones resultados muy gratificantes que empujan a seguir mejorando.

Empezábamos con una descripción histórica y terminamos con otra. Pongámosle cara a la siguiente:

De constitución robusta, estatura media, piel blanca con tinte rojizo en mejillas y pecho, cabellos rubios rizados, nariz aguileña y en los ojos la peculiar característica de ser de diferente color, negro el derecho y azul el izquierdo.ii

 

 

i Fue presentada por la Policía de Hamburgo en la exposición de Dresde (Sajonia, Alemania) en 1903.

ii La solución: Alejandro Magno.

 

Este artículo forma parte de la revista Quadernos de Criminología, dirigida por Carlos Pérez Vaquero

 

Modificado por última vez en Lunes, 24 Septiembre 2012 17:08