Cuando la venganza se convierte en delito

Septiembre 05, 2012 7228
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Han sido meses, días y horas empleadas, trabajos, esfuerzos, falta de sueño, sensación de impotencia, el dolor que invade los cuerpos de familiares, allegados y desconocidos, hasta que por fin se cree llegar a una conclusión; Confirmar como asesino al que ha sido sospechoso durante tanto tiempo. 

Pocos hechos conmocionan tanto a la opinión pública como el que un padre o una madre mate a sus propios hijos. Filicidios, esta es la palabra por la que se conoce a estos hechos, los cuales parecen acciones contra natura, carentes de sentido y explicación. Pero desgraciadamente ocurren. Crímenes para muchos atroces. Una situación espeluznante en donde aquel que te da la vida piensa que tiene el derecho de jugar con ella a su antojo, ya sea por un motivo o por otro, esa persona que tanto te debería de querer o quiere es capaz de realizar un acto tan grotesco como es matar a su hijo.

Dicho nombre proviene de la antigua mitología griega, del mito de Jasón y los argonautas, es la historia de una madre que a modo de venganza contra su consorte mata o deja que un peligro mortal les llegue a sus hijos. Este síndrome se puede dar tanto en el padre como en la madre. Y en el se engloban también otros motivos además de la venganza conyugal, por los cuales la persona justifica asesinar a sus hijos. Hartazgo, odio o repulsión hacia ellos, proyección de la pareja o de alguien a quien odian, podría ser incluso la persona misma.Es ahí, cuando hemos de preguntarnos: ¿Qué puede pasar por la cabeza de alguien que asesina a sus hijos a sangre fría? Al respecto se pronuncian distintos expertos, unos abogan por unas causas otros se declinan por otras, para la mayoría no son enfermos mentales ya que son conscientes del dolor que causan, para otros los hechos se revisten de impulsividad, de un “intenso dolor”. Pero ambas opiniones parecen unirse en algunos puntos; los padres matan tanto como las madres, pero hay una diferenciación marcada con respecto a la edad de la víctima: las madres matan a hijos de entre 0 y 6 años; en cambio, los padres matan a hijos adolescentes o adultos. En cuanto a la edad del homicida: la mayoría de las madres tiene menos de 40 años, mientras que los padres homicidas suelen sobrepasar esa edad.
A lo largo de la historia se han diferenciando distintas causas o posibles psicopatologías que pueden acarrear el homicidio o asesinato, tenemos el ejemplo de “la madre amantísima” (aquellas mujeres que encuentran en el suicidio la solución a sus problemas. Consideran que nadie puede cuidar a sus hijos si ella falta y así decide asesinarlos antes de quitarse la vida), el padre psicótico agudo que ha perdido contacto con la realidad, “el niño no deseado”... Pero me gustaría hacer hincapié en aquellos casos en los que el sujeto toma decisiones basadas en algo tan irracional como los sentimientos, y más concretamente, el miedo, la rabia o la venganza, también conocido como el "síndrome de medea", matar al hijo para herir al consorte.

Un claro ejemplo a ello lo vivimos en Canarias el pasado mes de julio en donde un hombre mataba a puñaladas a su hijo y avisaba a su ex mujer para que viera cómo prendía fuego y estrellaba el coche donde se encontraba el cuerpo del niño de 11 años. Con ello, el padre creyó conseguir "vengarse" de su ex mujer, de la que se había separado hace cinco años.
En la actualidad nos encontramos con el caso de los niños de Córdoba aún no cerrado, pero tan sonado y difundido por los medios de comunicación, en el cual desde el primer momento el sospechoso ratificaba que quería vengarse de su mujer por la ruptura de su matrimonio, para ello utilizaría el punto más débil que puede haber para una madre, la vida de sus hijos.
El Centro Reina Sofía entre los años 2004-2007 llevo a cabo una investigación de los menores asesinados por sus padres obteniendo resultados como:

  • En términos absolutos en dicho periodo en España fueron asesinados en el ámbito familiar 59 menores. De ellos, 48 fueron asesinados por sus padres. 
  • De media anual, 12 menores fueron asesinados por sus padres.
  •  El 81,25% de los asesinatos hubo un único agresor y en el 18,75% de los casos hubo dos agresores.
  •  El 58,49% de los asesinos eran hombres, frente a un 41,51% que era mujer.
  •  El 9,43% presentaba algún trastorno mental.
  • Al menos, un 3,77% de los agresores consumía alcohol, 1,89% drogas, y el 15,09% ambas cosas.
  • Un 24,53% de los agresores había maltratado previamente a los menores (de los cuales solo un 11,32% había sido denunciado por este motivo). 
  • Tras cometer el crimen, el 78,84% de los asesinos fue detenido por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, el 11,54% se suicido, y un 9,62% lo intento.
  • El 88,68% de los agresores son los padres biológicos de la victima (47,17% el padre y un 41,51% la madre).
  • Respecto al método utilizado, 25,58% víctima de una paliza, 18,60% abandonado, 13,95% golpe con objeto contundente, 11,63% arma blanca, 9,30% víctima de un incendio, 6,98% ahogada, 6,98% arma de fuego, 4,65% envenenada con fármacos y 2,33% arrojada por el balcón.

Estos resultados muestran que por difícil que pueda parecer se pueden dar y se dan hechos como es el que alguien que te da la vida te la quite, alguien que ha luchado por ti deje de hacerlo, sea por temor a una situación, por venganza o por otras causas, quedando de tal manera reflejada la complejidad que puede alcanzar el cerebro humano.

Modificado por última vez en Viernes, 14 Septiembre 2012 23:21
Maria Morilla

Oviedo (Asturias, 1983)
Licenciada en Criminología por la Universidad de Alicante, previo titulo propio en la Universidad de Oviedo.
Voluntaria en una Asociacion de ayuda a madres o familias con hijos menores de cuatro años en situación de desamparo.

 

mariamorillarodriguez@gmail.com